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Cadernos de Pesquisa

versão impressa ISSN 0100-1574versão On-line ISSN 1980-5314

Cad. Pesqui. vol.54  São Paulo  2024  Epub 14-Nov-2024

https://doi.org/10.1590/1980531410695 

ARTÍCULOS

ESTUDIAR… ¿Y DESPUÉS QUÉ? CONTEXTOS Y DILEMAS DE LA JUVENTUD RURAL ESPAÑOLA

ESTUDAR… E DEPOIS O QUÊ? CONTEXTOS E DILEMAS DA JUVENTUDE RURAL ESPANHOLA

STUDY... AND THEN WHAT? CONTEXTS AND DILEMMAS OF SPANISH RURAL YOUTH

ÉTUDIER... ET QUE FAIRE APRÈS? CONTEXTES ET DILEMMES DE LA JEUNESSE RURALE ESPAGNOLE

Manuel Tomás González-Fernández, Conceptualización, recursos, supervisión, obtención de fondos, investigación, metodología, redacción-versión original, administración del proyecto, redacción-revisión, ediciónI 
http://orcid.org/0000-0003-2372-9753

Javier Águila-Díaz, Conceptualización, recursos, investigación, metodología, redacción-versión original, redacción-revisión, ediciónII 
http://orcid.org/0000-0001-7447-4143

IUniversidad Pablo de Olavide (UPO), Sevilla, España;

IIUniversidad Pablo de Olavide (UPO), Sevilla, España;


Resumen

Este artículo aborda ejes relevantes para la comprensión del fenómeno denominado “descapitalización juvenil” en el medio rural español. En él se explora el papel de las representaciones y las características demográficas y socioeconómicas del rural, de los condicionantes de clase social y género, así como la incidencia de la formación y el diseño de las políticas de desarrollo en la generación de expectativas de migración o arraigo por parte de los y las jóvenes rurales. La base empírica de esta reflexión la ofrecen los resultados de una línea de investigación de más de una década en el campo de la juventud rural, que integra métodos cuantitativos y cualitativos los cuales muestran la necesidad de atender a la juventud y desarrollar acciones específicas para ésta.

Palabras-clave: JUVENTUD RURAL; MIGRACIÓN; EDUCACIÓN; DESARROLLO RURAL

Resumo

Este artigo aborda tópicos fundamentais para a compreensão do fenômeno denominado “descapitalização juvenil” no meio rural espanhol. Explora-se, assim, o papel das representações e das características demográficas e socioeconômicas do meio rural, dos condicionantes de classe social e gênero, assim como a incidência da formação do desenho das políticas de desenvolvimento na geração de expectativas de migração ou permanência por parte dos jovens e das jovens rurais. O fundamento empírico desta reflexão é oferecido pelos resultados de uma linha de pesquisa de mais de uma década no campo da juventude rural, que integra métodos quantitativos e qualitativos que demonstram a necessidade de atender a juventude e desenvolver ações específicas para ela.

Palavras-Chave: JUVENTUDE RURAL; MIGRAÇÃO; EDUCAÇÃO; DESENVOLVIMENTO RURAL

Abstract

This article addresses major topics for understanding the phenomenon known as “youth decapitalization” in rural Spain. It explores the role of representations and demographic and socio-economic characteristics of the rural environment, social class and gender conditioning factors. It also looks at the impact of the design of development policies on generating expectations of migration or permanence on the part of young rural women and men. The empirical basis for this reflection is provided by the results of more than a decade of research in the field of rural youth, which integrates quantitative and qualitative methods that demonstrate the need to cater for young people and develop specific actions for them.

Key words: RURAL YOUTH; MIGRATION; EDUCATION; RURAL DEVELOPMENT

Résumé

Cet article aborde des axes fondamentaux pour comprendre le phénomène de la “décapitalisation de la jeunesse” en milieu rural espagnol. Il examine le rôle des représentations et des caractéristiques démographiques et socio-économiques de l’environnement rural, les contraintes de classe sociale et de genre, ainsi que l’impact que la mise en oeuvre de politiques de développement a sur la création d’attentes en termes de migration ou de permanence des jeunes ruraux, hommes et femmes. Cette réflexion se base sur les résultats de plus d’une décennie de recherche empirique sur la question de la jeunesse rurale qui intègre des méthodes quantitatives et qualitatives, une démontration qu’il faut développer des actions especifiques pour la jeunesse.

Key words: JEUNESSE RURALE; MIGRATION; ÉDUCATION; DÉVELOPPEMENT RURAL

LOS ESTUDIOS SOCIALES ACERCA DE LA JUVENTUD RURAL HAN VENIDO SUSCITANDO UN interés bien diferente en Europa que en otros contextos territoriales, especialmente en América Latina (Contreras-Molotla & Contreras-Suárez, 2018; Castro, 2009; Nessi, 2020; Romero-Cabrera, 2004). Sin embargo, al calor de la preocupación generalizada acerca del estado de despoblación de las áreas rurales, en los últimos años esta situación está cambiando, tanto por parte de las instituciones (Red Española de Desarrollo Rural [REDR], 2022) como desde el punto de vista académico. Basándose en el trabajo de los autores en los últimos años sobre este campo, este artículo presenta una contribución, desde la sociología rural española, a la reflexión sobre la situación y las dinámicas de movilidad que afectan a la juventud rural, así como a su relación con la educación, en concurrencia con las políticas públicas de desarrollo rural. Tal reflexión se fundamenta en un repaso a la literatura internacional sobre ese objeto, y se basa, en buena medida, en los resultados empíricos de la línea de investigación -fundamentalmente desarrollada en España, que además cuenta con conexiones con otras realidades territoriales- en la que participan los autores y que será expuesta en un apartado posterior.

La movilidad de población desde el medio rural al urbano es uno de los rasgos característicos del proceso modernizador, particularmente a partir de la era industrial. Si bien tal proceso ha conocido diferentes formas y tiempos a través de las distintas regiones del planeta, países y territorios dentro de éstos, es habitual que afecte preferentemente a las personas más jóvenes. En el actual contexto de globalización neoliberal, con sus expresiones mercantiles, financieras, culturales, comunicativas… la movilidad juvenil adquiere una particular complejidad. Precisamente es ahora cuando, según David Farrugia (2016), ésta se convierte en un elemento clave en la construcción biográfica e identitaria de la juventud rural. Ello se manifiesta a través de lo que denomina “imperativo de movilidad”, impulsado o impuesto de forma global a través de las crecientes desigualdades entre lo rural y lo urbano, así como del valor otorgado a los modos de vida urbano-metropolitanos en la cultura popular (Farrugia, 2016). Maersk et al. (2023) destacan también la importancia de la movilidad geográfica en las identidades juveniles, especialmente entre las personas con más formación. Moverse, migrar, marcharse… es un síntoma de éxito para ellos y ellas, pues supone despegarse de los lugares que no son “cool” y de la estigmatización que verse asociados con éstos conlleva (Pedersen & Gram, 2018).

En ese sentido, resulta evidente que, pese al encanto atribuido a la naturaleza, lo tradicional y, en la medida en que participa de ambos atributos, a lo rural, el paradigma de lugares vibrantes, divertidos, donde ocurren cosas… se asocia mucho más a los grandes centros metropolitanos. Ciertamente, buena parte de la juventud vive de forma ambivalente el apego a sus áreas rurales de origen y la necesidad sentida de explorar y, por supuesto, acceder a oportunidades relacionales, formativas, laborales, de ocio… impensables en éstas. Como también sienten de forma contrapuesta las ventajas de la familiaridad, sociabilidad intensa, tranquilidad… frente al aburrimiento, control, falta de esas mismas oportunidades y una cierta imagen “perdedora” que se asocian al medio rural (Pedersen & Gram, 2018, p. 630). En ese sentido, la formación -especialmente la postobligatoria- juega un papel de catalizador o activador de los dilemas de arraigo o migración por parte de la juventud rural, en la medida en la que permite visualizar un futuro laboral más prometedor (González-Fernández et al., 2022). Así, se ponen de relieve los posibles efectos no deseados de algunas políticas públicas, como la educativa, que si bien mejoran la posición y cualificación de la población rural, también propician las migraciones desde este medio, especialmente para la juventud (González-Leonardo et al., 2019) al darse una mayor concentración de los empleos más cualificados en las áreas urbanas y metropolitanas (González-Leonardo & López-Gay, 2021). Otras políticas, por su parte, intentan aumentar las posibilidades de empleo o emprendimiento en el medio rural de manera directa. Es el caso de la política de desarrollo rural de la Unión Europea, con un notable éxito a nivel demostrativo, pero con limitaciones a la hora de facilitar el arraigo juvenil, incluso entre las personas más formadas (González-Fernández et al., 2023; González-Fernández & Montero-Logroño, 2020).

Abundando más en la cuestión de la movilidad juvenil, distintos autores han señalado el carácter complejo y multifacético de ésta (Holton & Finn, 2018). En ese sentido, el propio Farrugia señala tres dimensiones que definen la movilidad juvenil: la estructural, la simbólica y la no representacional -o, podríamos decir, afectiva-, las cuales:

. . . describen, respectivamente, la posición de los jóvenes rurales dentro de las movilidades del capital y el trabajo que configuran el mercado laboral juvenil contemporáneo; la construcción simbólica y discursiva de “el campo” y “la ciudad” como dimensión de las culturas juveniles; y las dimensiones corporales, afectivas y sensuales de la movilidad. (Farrugia, 2016, p. 837, traducción propia).

Parece plausible, por tanto, que la movilidad -¿o sería mejor decir movilidades?- de las personas jóvenes obedezca y se explique por razones y variables no sólo complejas, sino también de distinta naturaleza, tanto material como inmaterial. Con el propósito de explorar algunos de los diversos elementos explicativos de las movilidades -y, en cierta medida también, permanencias- juveniles, este trabajo se detendrá preferentemente en tres aspectos, en los que se ha focalizado la línea de investigación a la que se ha hecho referencia: las condiciones y representaciones del contexto rural por parte de la juventud, en la medida en que avanzan sus aspiraciones; el papel de la educación en la generación de expectativas de arraigo o emigración; y, además, el impacto de los recursos y las políticas de desarrollo rural -orientadas principalmente al emprendimiento- y las perspectivas de empleo en las trayectorias vitales de estos jóvenes (González-Fernández et al., 2023). Con el fin de evitar caer en una posición reduccionista, el análisis de cada uno de esos elementos se llevará a cabo tomando en consideración las diferencias establecidas en torno al género, la clase social y las diferentes condiciones territoriales.

Marco teórico

La mencionada propuesta conceptual de Farrugia (2016) sobre el imperativo de movilidad al que está sometida la juventud rural resulta muy esclarecedora para comprender la posición social desventajosa que ésta ocupa en relación a sus pares urbanos. Esto se debe a los condicionantes estructurales que afectan a lo rural e interpelan al desarrollo biográfico de la juventud de ese medio, que encuentra mayores dificultades en el acceso a la oferta educativa -especialmente la superior-, a los mercados laborales, así como a los servicios y actividades de consumo y ocio demandados por la juventud. Junto a estos condicionantes de carácter material emergen otros de naturaleza simbólica que articulan los esquemas valorativos que constituyen las preferencias de consumo y ocio de la juventud. De esta forma, la categorización de lo rural y lo urbano posiciona a la ciudad como un espacio preferente donde se desarrollan las actividades y experiencias vinculadas a la modernidad, especialmente aquellas relacionadas con el ocio nocturno, que son las que articulan la identificación de lo joven y moderno (Díaz-Méndez, 2005; Farrugia, 2016; Jurado & Tobasura, 2012; Maersk et al., 2023; Pedersen & Gram, 2018).

Estos condicionantes, que a grandes rasgos dibujan el imperativo de la movilidad a la que está sometida la juventud rural, refuerzan los procesos de descapitalización humana, de los cuales se nutren las grandes urbes, en distintos contextos internacionales (Castro-Escobar, 2016; Corbett, 2007; González-Leonardo & López-Gay, 2021; Li et al., 2019; Camarero & Oliva-Serrano, 2019).

En este sentido, las estrecheces de los mercados laborales rurales son uno de los principales condicionantes para comprender la migración de la juventud rural, especialmente la más cualificada (Enríquez, 2017; McLaughlin et al., 2014; Sherman & Sage, 2011). Por su parte, la segmentación sexual de los mercados laborales rurales, junto a las desigualdades de género ensambladas en lo rural (Sampedro-Gallego, 2000; Whatmore, 1991), pone de manifiesto la estrategia de cualificación formativa que han seguido las jóvenes rurales para obtener condiciones laborales más favorables y una domesticidad y estilo de vida de tipo urbano, tanto en territorio europeo (Camarero et al., 1991; Camarero & Sampedro-Gallego, 2008; Díaz-Méndez, 2005; Johansson, 2016; Sampedro-Gallego, 2008) como latinoamericano (Abramovay et al., 1998; Zago, 2016).

La concentración de la oferta educativa superior en las ciudades sitúa en un escenario de mayor emigración a la juventud rural que tiene aspiraciones de acceder a la universidad y desarrollar una carrera profesional (Carr & Kefalas, 2010; Corbett, 2007; Hektner, 1995; López-Turley, 2009). Esto provoca que, al finalizar los estudios obligatorios, la juventud rural se enfrente al conflictivo dilema de alejarse de la comunidad y sus seres queridos para poder cursar estudios superiores, lo que implica un estrés considerable al emplazarse esta etapa vital como una disyuntiva que comporta una decisión trascendental sobre su futuro (Hektner, 1995; Pedersen & Gram, 2018).

Por su parte, la familia y el personal de los centros educativos desempeñan una influencia constante en las aspiraciones académicas del estudiantado, donde los recursos económicos y la condición de clase se postulan como elementos diferenciadores. Las familias con mayor capital cultural y económico influyen en las expectativas y los logros de sus descendientes animándoles y participando en sus actividades escolares y educativas (Carr & Kefalas, 2010; Corbett, 2007, 2009; McGrath et al., 2009; Sherman & Sage, 2011). De esta forma, las trayectorias exitosas son percibidas socialmente como aquellas que transitan por cursar estudios en la universidad y trasladarse a la ciudad, mientras que se estigmatizan como proyectos vitales fracasados aquellos que se desarrollan en el lugar de origen (Maersk et al., 2023; Sherman & Sage, 2011). No obstante, se ha evidenciado que las posibilidades de acceso al mercado laboral local compiten directamente con la promesa educativa de ascender socialmente, en especial en aquellos jóvenes varones provenientes de familias con menor capital cultural y que se consideran incapaces de cursar estudios superiores (Corbett, 2007, 2009; González-Fernández et al., 2012; Sherman & Sage, 2011). En cualquier caso, el componente de clase se torna elemental para comprender la movilidad de la juventud rural. Como señalan Juvonen y Romakkaniemi, aunque la decisión de permanecer en el lugar de origen pueda parecer voluntaria, esta puede indicar una condición impuesta por las circunstancias, es decir, por la “falta de alternativas y las dificultades de dejar atrás el entorno familiar y las redes sociales propias” (Juvonen & Romakkaniemi, 2019, p. 327, traducción propia), principalmente en las clases más vulnerables.

Para Santamaría-Cárdaba y Sampedro-Gallego, lo referido anteriormente convierte a la educación “en un elemento que estimula la emigración y alimenta las dinámicas de la despoblación rural, en abierta contradicción con el papel de cohesión social que la escuela debería jugar” (2020, p. 163). Corbett (2007, 2009), por su parte, hace hincapié en el papel ambivalente que la educación desempeña en el ámbito rural. Por un lado, la educación es percibida como un valor social al postularse como un mecanismo de movilidad social ascendente, así como un activo comunitario, al considerarse una institución que crea vínculos sociales en torno a las actividades que desarrolla (Sherman & Sage, 2011). Pero, por otro lado, la educación formal se ha erigido como una institución que afloja los lazos afectivos con el lugar de origen y promueve la emigración de las zonas rurales (Corbett, 2007, 2009; Santamaría-Cárdaba & Sampedro-Gallego, 2020). La paradoja, según Corbett (2007, 2009), estriba en la importancia que ha cobrado la formación en la sociedad del conocimiento, donde las zonas rurales deben adaptarse a la emigración constante de su juventud más cualificada, la cual precisamente dispone de los conocimientos y las profesiones que las comunidades rurales necesitan con urgencia para adaptarse a las demandas actuales del sistema económico.

Pero, además de considerar la estrecha relación entre la formación y el empleo en las motivaciones de migración por parte de la juventud rural, diversos estudios (McLaughlin et al., 2014; Seyfrit, 1986) también sitúan como causa la atracción que ejercen los lugares y los estilos de vida asociados a estos. La juventud que manifiesta una satisfacción con las actividades, el ocio y los servicios que halla en su comunidad de origen tiene más probabilidades de querer permanecer (McLaughlin et al., 2014). Por el contrario, se ha evidenciado que la juventud rural muestra deseos de emigrar cuando percibe -tomando como referencia la ciudad- que en su lugar de origen las actividades sociales y culturales son limitadas (McLaughlin et al., 2014; Pedersen & Gram, 2018; Díaz-Méndez, 2005).

A pesar de esto, como señala Farrugia (2016) y se ha dejado entrever ante la disyuntiva de tener que alejarse de los seres queridos por motivos académicos, el componente afectivo desempeña un papel no menos importante en las elecciones migratorias de la juventud rural, especialmente en aquellas personas que deciden permanecer en el lugar de origen (Haartsen & Thissen, 2014; Thomassen, 2021). Por ello, es importante considerar el afecto y el arraigo que desarrollan las personas con los lugares de origen y las relaciones sociales que establecen en él (Díaz-Méndez, 2005; Farrugia, 2016; Sampedro-Gallego, 2008; Sherman & Sage, 2011), ya que los lugares de residencia se sienten especiales, se viven a través de las experiencias cotidianas y proporcionan los componentes para que la juventud rural desarrolle su capacidad de agencia (Farrugia et al., 2014; Juvonen & Romakkaniemi, 2019).

Esto pone de relieve la crítica que realizan algunos trabajos al enfoque lineal -normalmente articulado en torno a la dicotomía permanencia-migración o éxito-fracaso- con el que suele abordarse los fenómenos migratorios (Finn, 2017; Stockdale et al., 2018). En este sentido, Haartsen y Thissen (2014) señalan que la migración de la juventud rural necesita una reinterpretación a través del reconocimiento de que las decisiones de marcharse pueden estar entrelazadas con planes futuros de permanencia en la región de origen, tal y como atestigua el trabajo de Maersk et al. (2023). En un sentido similar, Thomassen (2021) adopta el enfoque de vidas vinculadas para analizar los motivos de permanencia de la juventud cualificada, al evidenciar que las decisiones de movilidad se ven sopesadas por los efectos que pueden acarrear en los seres cercanos y que estas decisiones son (re)evaluadas en distintas etapas vitales y, por ello, pueden ser reversibles tanto hacia una orientación de permanencia como de migración.

Llegados a este punto, la actuación de los poderes públicos en el desarrollo de políticas públicas eficientes se torna indispensable para contrarrestar el dilema referido que enfrenta la juventud rural: ¿y después qué, después dónde?

No obstante, la escasa presencia de la juventud rural en las estrategias nacionales de educación, de empleo y de juventud de los Estados europeos -así como en México (Rossette-Ramírez, 2018)- dificulta el desarrollo de medidas concretas orientadas hacia la juventud rural, que en todo caso suelen implementarse en los programas de desarrollo rural (Weiss & Heinz-Fischer, 2022). Por ejemplo, el Programa de Garantía Juvenil, implementado por el Ministerio de Trabajo y Economía Social del Gobierno de España, es una política orientada a facilitar la inserción laboral de la juventud que no tiene en consideración las condiciones particulares de la juventud rural (Querol et al., 2021).

Este vacío vienen a ocuparlo las políticas de desarrollo rural, que en los países miembros de la Unión Europea se implementan en el marco de la Política Agrícola Común, a través del método Leader (liaison entre actions de développment de l’économie rurale), financiándose y rigiéndose por la normativa del Fondo Europeo Agrícola de Desarrollo Rural (Feader). Sin embargo, su orientación se halla muy marcada hacia el emprendimiento a través de subvenciones a fondo perdido de al menos el 50% de la inversión inicial, que ha de ser anticipada por las personas beneficiarias. Y aunque Leader se puede considerar una política exitosa -que establece a menudo objetivos específicos para actuaciones en materia de juventud-, diversos estudios han constatado que los niveles de participación e inversión de la población joven, especialmente la femenina, no son equiparables a la de los varones de edades más avanzadas (Cañete-Pérez, Cejudo-García et al., 2018 8; Cejudo-García et al., 2021; Navarro-Valverde et al., 2018). Asimismo, se ha señalado su incapacidad para mitigar los desequilibrios territoriales existentes en la Unión Europea (Konečny, 2019), así como hacia el interior del Estado español (Cañete-Pérez, Navarro-Valverde et al., 2018; Navarro-Valverde et al., 2021; Nieto-Masot & Cárdenas-Alonso, 2017).

Aspectos metodológicos

Como se ha planteado más arriba, el objetivo principal de este trabajo es identificar las condiciones y representaciones de la juventud rural, para así preguntarnos acerca de la incidencia que la educación y las políticas públicas de desarrollo rural tienen a la hora de configurar las expectativas de permanencia o migración de este grupo generacional. Se focaliza principalmente en España, y más específicamente en la región o comunidad autónoma1 (C. A.) de Andalucía, donde se ha desarrollado una línea de investigación, iniciada hace más de una década, dirigida al estudio de cada uno de los elementos expuestos desde la perspectiva sociológica. Si bien Andalucía es el ámbito principal de la citada línea, éste se ha ampliado a través de diferentes trabajos, tanto dentro de la propia España como a nivel internacional, en particular estableciendo una sólida colaboración con investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), a través de un convenio plurianual de colaboración.

Las diferentes investigaciones que componen la línea mencionada responden al propósito principal de conocer de primera mano las expectativas, representaciones, discursos… de los y las jóvenes de cada ámbito. Por lo que en ella predomina un enfoque metodológico cualitativo. Sin embargo, también de manera transversal a los diferentes trabajos, se adopta una perspectiva cuantitativa, con el objeto de conocer de manera sólida los rasgos estructurales de la juventud y de los contextos en los que ésta desarrolla su vida. Desde esa lógica, la línea de investigación referida aborda además el impacto en la juventud rural de las políticas públicas, fundamentalmente las de educación y desarrollo rural.

Con el fin de exponer de forma más detallada los diseños metodológicos de los diferentes trabajos que componen la mencionada línea, se presenta a continuación una síntesis de los planteamientos empíricos de cada uno de ellos, así como distintas referencias que se pueden seguir para aumentar la información al respecto de estos trabajos.2

“Diagnóstico de la juventud rural andaluza”. Junta de Andalucía -Universidad Pablo de Olavide (UPO), 2012 (González-Fernández et al., 2012).

  • Elaboración del índice sintético Interjur: mapeo de la diversidad de condiciones estructurales de los jóvenes.

  • Ocho grupos focales: perspectivas y discursos que muestran diferencias por género entre grupos sociales en el escenario poscrisis.

“Estudio sobre la participación de la juventud rural de Andalucía”. Junta de Andalucía -UPO, 2019 (González-Fernández & Montero-Logroño, 2020).

  • Además de las representaciones, se estudia la relación entre los jóvenes y las políticas de desarrollo.

  • Cuatro zonas Leader seleccionadas según diferentes criterios de actuación territorial y política. Ocho grupos focales, cuatro con jóvenes de cada comarca y cuatro con el personal de la gerencia y la oficina técnica de los Grupos de Desarrollo Rural (GDR).

“Empleo y programas de desarrollo rural: una visión comparada y subnacional”. Clave de proyecto IN303515, UNAM, 2017 (González-Fernández et al., 2021).

  • Encuesta al alumnado de los centros y especialidades seleccionados. Cuestionario autoadministrado con supervisión en el aula.

  • Entrevista a informantes cualificados de cada uno de los centros -dirección y profesorado-.

“Itinerarios formativos y expectativas de arraigo”. Feder-A 20183 (González-Fernández et al., 2022).

  • Mapa de la oferta educativa en educación postobligatoria: secundaria superior (bachillerato) y formación profesional de grado medio (convencional y dual) en Andalucía.

  • Índice sintético de desarrollo rural (IVR). Condiciones territoriales y muestra de centros de educación secundaria en zonas de mayor y menor desarrollo (3+3), distinguiendo el sector económico predominante.

  • Encuesta a estudiantes, treinta entrevistas a informantes cualificados y estudiantes. Antecedentes socioeconómicos y variables de género.

  • Dos grupos focales temáticos (cuestiones de género e itinerarios).

“El arraigo de las jóvenes rurales de estudios superiores”. UPO, 2021 (Águila-Díaz, 2021).

  • Tres grupos triangulares con mujeres jóvenes cualificadas, estudiantes universitarias o con nivel formativo superior, con y sin experiencia laboral.

“Expectativas laborales y de arraigo al territorio de la juventud rural”. PAIDI 20224 (en curso).

  • Estudia los vínculos entre la educación y los recursos de empleo privados y públicos.

  • Comparativa Andalucía y Castilla León: regiones menos y más envejecidas de España, pero similares en otros aspectos (tamaño, relevancia de la agricultura...).

  • Análisis sociodemográfico, entrevistas y grupos focales (en curso).

La información aportada por estos trabajos sirve de base para el análisis global que se expone a continuación, si bien no se reduce a una reseña de éstos.

La mirada de la juventud rural sobre su contexto. Expectativas formativas, laborales y de arraigo

España es un país con un alto grado de concentración urbana de su población, dentro del contexto europeo, lo que explica que buena parte de su territorio se halle escasamente poblado. El medio rural español, por su parte, presenta fuertes tendencias estructurales de sobreenvejecimiento y masculinización. De todos modos, se reconoce una cierta diversidad, entre zonas rurales más recesivas y otras con un poblamiento y una red de servicios más interconectados gracias a la movilidad, pasando por diferentes situaciones intermedias (Camarero et al., 2009; Collantes-Gutiérrez & Pinilla-Navarro, 2019). En el ámbito de la juventud, estamos asistiendo a un proceso de descapitalización juvenil centrípeta, coherente con los mencionados procesos de concentración metropolitana, de la que la principal beneficiada es la región en la que se encuentra la capital, Madrid; pero que no es ni mucho menos exclusiva de las zonas rurales, sino que afecta también -a veces en mayor medida- a ciudades pequeñas e intermedias (González-Leonardo et al., 2019; González-Leonardo & López-Gay, 2021). Esa migración juvenil es algo más intensa entre las mujeres -a menudo más cualificadas- que los hombres (Camarero & Sampedro-Gallego, 2008).

En este marco, la C. A. de Andalucía, con más de ocho millones de habitantes y cerca de un 20% de población rural, muestra una situación relativamente diferente en lo que respecta a la estructura del poblamiento, ya que, si exceptuamos las zonas más remotas -generalmente sierras-, presenta un hábitat rural concentrado en torno a núcleos relativamente poblados y con disponibilidad de los servicios básicos, tanto públicos -escolares, sanitarios, de transportes…- como privados. Ello, entre otros factores de carácter demográfico, ha reducido el efecto del envejecimiento y la despoblación, si bien los procesos de migración juvenil están aquí también presentes (Camarero et al., 2009; González-Fernández et al., 2018).

A lo largo de la línea de investigación aquí referenciada se ha observado, en primer lugar, una gradación de situaciones entre las zonas rurales más comunicadas de la región, con mejores servicios y población, y aquellas más periféricas. Con todo, ha destacado que la perspectiva que la juventud tiene tanto de las posibilidades del entorno como de su propia situación está fuertemente marcada por la clase social. Así, especialmente las personas jóvenes de clases más bajas ofrecen una percepción negativa y crítica de su entorno local, construida sobre la falta de perspectivas y oportunidades de empleo, la insuficiencia tanto de servicios públicos como privados que atiendan sus necesidades y demandas y sobre todo las escasas posibilidades de ocio y socialización específicas para ellos. Todo esto redunda en una actitud vital de desmoralización y confusión, especialmente entre las capas más vulnerables, que contrasta con las representaciones de los y las jóvenes mejor posicionados (González-Fernández et al., 2012).

Con todo, tal percepción negativa dominante entre la juventud rural andaluza se relativiza -aunque de forma más evidente entre estos grupos más acomodados- por factores como el impacto más o menos directo de las crisis en las situaciones personales, por la disponibilidad de recursos materiales y capital social, así como por la capacidad de recurrir a la movilidad para soslayar las limitaciones del entorno. Por ello, y de la misma manera que apunta la literatura en otros escenarios (Díaz-Méndez, 2005; Juvonen & Romakkaniemi, 2019; Pedersen & Gram, 2018; Sherman & Sage, 2011), se reconoce a menudo en los discursos una evidente ambivalencia en las representaciones del lugar de residencia, que se apoya en la calidad de vida de la que se disfruta en el medio rural:

M: Sí. Y al principio todo el rato diciendo: esto es una porquería, esto no vale para nada… Y al final terminamos diciendo: yo de aquí no me voy, aunque sea una porquería, pero no me voy.

M: Y no hay nada, pero estás a gusto. No hay nada, pero estás a gusto. (GD3B).5

Otro aspecto de diferenciación social es señalado frecuentemente por las informantes que han participado en los distintos estudios, quienes han puesto de relieve las dificultades y barreras específicas, muy a menudo naturalizadas, que deben afrontar las mujeres: segmentación del mercado de trabajo, sentimiento de exclusión de determinadas esferas de la vida social y económica, presión social para asumir roles tradicionales y, sobre todo, control, ya que

M: Vivir en un pueblo es como vivir dentro de un reality, todo lo que hagas está vigilado, estás vigilada, no tienes privacidad. (GD3A).6

Aquí, al ser un pueblo tan pequeñito, con nada que hagas la gente todo lo sabe, y eso es lo que no quiero. Aquí no puedes ser tú, no te puedes expresar como eres, si eres diferente a los demás ya te están juzgando, para bien o para mal… no se vive mal, pero… lo veo muy chiquitito. (Estudiante de formación profesional de cuidados auxiliares de enfermería, zona baja vulnerabilidad, clase trabajadora, mujer). (González-Fernández et al., 2022).

Todo ello contribuye a que la disyuntiva entre quedarse en los pueblos o emigrar a otros lugares con más posibilidades de formación, empleo, socialización u ocio esté siempre presente. Es cierto que se reconoce una cierta contradicción entre los que quieren quedarse e irse, pero a menudo nos encontramos con planteamientos paradójicos, como se ha señalado. Así, frecuentemente se ponen en la balanza los aspectos positivos y negativos y se racionaliza como un imperativo (Farrugia, 2016), como una necesidad, no necesariamente deseada, el migrar:

Es un pueblo que oferta pocas opciones para los jóvenes, tiene pocas opciones y tenemos que irnos mucho fuera a estudiar, mucho fuera a buscar trabajo, mucho fuera a buscar todo. (Jóvenes de la Costa Occidental de Huelva). (González-Fernández & Taraceas SCA, 2019).

Sin embargo, hay otra parte no menor de las personas jóvenes que sienten que quedarse en sus pueblos es “una forma de estancarse, no te permite crecer” (Jóvenes de Gran Vega) (González-Fernández & Montero-Logroño, 2020), lo que también ha sido señalado por la literatura en otros escenarios (Maersk et al., 2023; Sherman & Sage, 2011). De manera que expresan nítidamente el deseo de marchar:

H: A mí me dicen, me llaman: “vente pa Madrid, que pa en cuanto llegues tienes tu seguro y tu contrato, y trabajando”. Y yo me cojo ahora mismo y me tiro pa Madrid volando. (GD4B).7

En ese sentido, el empleo es el elemento principal que aparece en las motivaciones para abandonar el lugar de origen, sea de manera convencida y decidida, sea de forma resignada, como se ha visto. Y siguiendo con esa lógica, a menudo se considera que la formación es una de las principales palancas para conseguir un trabajo en buenas condiciones. Con todo, especialmente entre las personas jóvenes con bajo nivel de estudios y con una posición social más desfavorecida que participaron en los grupos, se reconoce una motivación muy baja hacia la formación. Los principales argumentos que expresaban, en ese sentido, tenían que ver con la escasez de oferta formativa -especialmente de tipo técnico-profesional- en sus lugares de origen; el consiguiente coste de desplazarse fuera de estos; la consideración de que estudiar fuera supone, por esta y otras razones, un esfuerzo que no compensa la mejora en su potencial laboral; y, sobre todo ello, una autoimagen negativa respecto a la propia capacidad para el estudio y, por tanto, una muy baja motivación.

El papel de la formación en el arraigo en el territorio

Una vez expuestas las representaciones básicas expresadas por la juventud rural en España, y habiendo reconocido el importante papel de la formación en sus trayectorias vitales y, por tanto, también en sus expectativas migratorias, pasaremos a tratar más detalladamente esta cuestión.

En España, de manera semejante a otros muchos países, la educación obligatoria abarca hasta los 16 años. A partir de ahí, se abre para las personas jóvenes la disyuntiva de incorporarse al mercado laboral en las ocupaciones menos cualificadas o continuar en la educación postobligatoria, que también es de carácter gratuito. Esta última, a través de sus distintos itinerarios, ya orienta de forma más evidente a diferentes recorridos profesionales. Así, el grueso de las personas jóvenes que siguen su formación más allá de la etapa obligatoria opta principalmente entre el bachillerato -que tiene un carácter preparatorio para los distintos estudios universitarios- y la formación profesional, de carácter más técnico y más directamente enfocada hacia el empleo. Precisamente esta última se está potenciando desde las distintas administraciones, en un proceso que está implicando que paulatinamente vayan perdiendo el estigma de “estudios para quienes no pueden hacer otra cosa”, en favor de una imagen más técnica y pegada a las ocupaciones disponibles en el mercado de trabajo (Termes, 2022; Valdés-Fernández, 2019).

Desde el punto de vista de la incidencia de la formación en las trayectorias de la juventud rural se reconoce la tendencia a que los estudiantes que se orientan hacia estudios superiores tiendan a irse -aunque muestren sentimientos conflictivos de adhesión y rechazo a sus lugares de origen (Pedersen & Gram, 2018)-. Con lo que se produce la paradoja de que una mayor cualificación de la juventud, que podría suponer una mejora del “capital humano” en el rural, acabe siendo un incentivo más, y especialmente relevante, para la migración (Corbett, 2007, 2009; González-Leonardo & López-Gay, 2021).

Los trabajos aquí reseñados, y en particular la investigación “Itinerarios formativos y expectativas de arraigo” (González-Fernández et al., 2022), abundan en este objeto, estudiando de manera particular la incidencia de los itinerarios formativos elegidos en las expectativas de arraigo o migración de los y las estudiantes de la educación postobligatoria, a través de una combinación de técnicas cuantitativas y cualitativas.

El estudio parte del reconocimiento del contraste en los niveles de desarrollo, y por tanto de mayor y menor vulnerabilidad social entre diferentes zonas de Andalucía.8 Respecto a los itinerarios, resulta una obviedad señalar que el bachillerato conduce obligatoriamente a estudiar fuera, ya que las universidades se sitúan, de forma casi exclusiva, en los principales centros urbanos. También las expectativas laborales se imaginan fuera de la comarca por falta de una oferta de empleo acorde con los estudios que prevén realizar:

Lo único que pienso normalmente es que quiero estar trabajando de físico-matemático. . . . Para trabajar aquí, me lo cuestionaría... a no ser que aquí se montara una empresa con un empleo que me interesase, o yo montar algo, pues es difícil que vuelva. (Bachillerato de Ciencias, IVR bajo, clase media, hombre). (González-Fernández et al., 2022).

Respecto a la formación profesional, se observa una situación similar, aunque con matices. Si bien la elección se suele deber a motivos estratégicos -disponibilidad de titulaciones concretas en la localidad o comarca-, y no siempre se menciona su conexión con las posibilidades de empleabilidad, si parece darse una mayor preferencia por permanecer en la zona rural entre quienes la cursan respecto al bachillerato. La progresiva implantación de la formación profesional en modalidad dual o en alternancia, que implica que una proporción alta de la formación se realiza en empresas, si parece orientar en mayor medida las expectativas de los y las estudiantes al mercado de trabajo local. Ello se debe a que la experiencia formativa a través de las prácticas en empresas del entorno cercano “materializa” en cierta medida la posibilidad de desarrollar un empleo cualificado, sin necesidad de emigrar.

Yo sí pienso de aquí en 5 años, terminar mi grado medio y luego hacer el superior, hacer prácticas en empresas de por aquí, que me conozcan, me hagan cartas de referencia . . . trabajar en una empresa normal. Si está en mi pueblo pues es porque tengo cerca a mi familia, aunque me paguen el doble en Madrid, yo lo voy a coger aquí. (Formación profesional de Gestión Administrativa, IVR bajo, clase media, hombre). (González-Fernández et al., 2022).

El contraste establecido en la investigación entre los territorios rurales con mayor y menor nivel de desarrollo muestra como varían las expectativas de arraigo en función de la percepción de la empleabilidad en el ámbito más próximo. La disponibilidad de oportunidades acordes con los estudios, sobre todo cuando el mercado laboral es suficientemente amplio y dinámico, no centrándose en una sola actividad, facilita el imaginarse un plan de vida realista en los lugares de origen.

Esto último es a menudo más sencillo cuando se dispone de recursos, tanto materiales como relacionales, bien para el emprendimiento o para dar continuidad a una línea empresarial de carácter familiar consistente. Además, la propia clase social suele orientar la elección del tipo de estudios, al tiempo que una posición acomodada permite más fácilmente afrontar los gastos derivados de trasladarse a estudiar a otro lugar -desplazamientos, alojamiento…- (Carr & Kefalas, 2010; Corbett, 2007, 2009; McGrath et al., 2009; Sherman & Sage, 2011), por lo que también facilita la proyección de trayectorias formativas de calidad, incluso en el extranjero.

El género también muestra su incidencia a través de los datos, especialmente en los de carácter discursivo, como se ha podido corroborar con el estudio El arraigo de las jóvenes rurales de estudios superiores (Águila-Díaz, 2021). Las mujeres ponen de relieve los efectos de la masculinización imperante en las actividades económicas con presencia en las zonas rurales, destacando el caso de la agricultura, pero también identificándola en el sector industrial, donde a menudo las chicas se ven como pioneras en sus ocupaciones. Se reconoce, por tanto, una importante segmentación del mercado laboral por género en las distintas localidades, que reserva a las mujeres tareas especialmente poco cualificadas, como es el caso paradigmático de la industria agroalimentaria. Estos condicionantes estructurales se dejan sentir con especial fuerza en el perfil de las jóvenes rurales con estudios superiores, que, conscientes de su posición en la estructura social de sus comunidades, contemplan la movilidad como un imperativo para poder rentabilizar la formación adquirida.

Porque nosotras eh... tenemos cualificación, es decir, estamos formadas, hemos ido a la universidad y tenemos carrera. La mayoría de la gente que a mí me rodea, que sigue en mi pueblo, no está cualificada. Entonces ellos no ven que haya una carencia de trabajo porque trabajo hay, es decir, aquí hay una fábrica, vas al campo, hay panaderías, supermercados, pequeñas tiendas... entonces, trabajo hay. Es verdad que no el suficiente, pero no perciben que haya tanto problema de empleo como puedo percibirlo yo… porque yo la percepción la tengo de que no hay trabajo cualificado, de mi especialidad, por así decirlo. (Mujeres de 23-26 años que compaginan estudios superiores con un empleo). (Águila-Díaz, 2021).

Quizás por ello las mujeres son especialmente sensibles a determinadas limitaciones de la vida en el medio rural, como ha sido expuesto más arriba. Y se muestran como más susceptibles de entrar en ese proceso de movilidad como conformador de la identidad personal, que en cierta medida confiere reconocimiento al vivir en otros lugares de diferente escala territorial (Maersk et al., 2023). Si bien no es algo exclusivo de ellas:

A mí me gustaría irme al extranjero, es como… en 18 años que tengo apenas he salido de España, he ido a Portugal cuando vine de Galicia para acá y poco más. Es como algo que tengo ahí de que me quiero ir lejos a ver qué es lo que hay. (Bachillerato de Ciencias, IVR alto, clase trabajadora, hombre). (González-Fernández et al., 2022).

Por último, hay que tener en cuenta que las expectativas vitales de la juventud rural pueden cambiar en la medida en que también lo hagan sus necesidades a lo largo del tiempo:

Hombre, por preferir, prefiero aquí en mi pueblo porque tienes a tu familia, a tus amigos… pero ahora me gustaría descubrir cosas nuevas, a lo mejor daría pie a estar un par de años viviendo fuera, viviendo sola, adquiriendo conocimientos nuevos y luego a largo plazo volver aquí y trabajar en mi pueblo. . . . Sí creo que podría trabajar aquí en la empresa [multinacional], yo creo que no voy a tener problema a la hora de encontrar trabajo. (Formación profesional dual conformado por Moldeo de Metales y Polímeros, IVR bajo, clase trabajadora, mujer). (González-Fernández et al., 2022).

Por lo que no se debería descartar una posibilidad de retorno a medio plazo (Haartsen & Thissen, 2014; Maersk et al., 2023), lo que interpela a quienes diseñan las políticas públicas para el medio rural a la hora de facilitarlo, tanto en el ámbito del fomento de la empleabilidad como del emprendimiento. O, incluso, desarrollar estrategias de “captación de talento”, poniendo en valor el potencial del territorio más allá del mito del rural idyll, que persevera en la imagen más tradicional de este medio.

¿Cómo se puede mantener el talento? Contribución y limitaciones de las políticas de desarrollo rural

La Unión Europea ha puesto en marcha políticas públicas específicas para el desarrollo de las áreas rurales, las cuales tienen en consideración, entre otros retos, los relativos a la juventud y a la equidad de género. Estas se enmarcan en la denominada Política Agrícola Común (PAC), la cual tiene dos “pilares” u orientaciones: una política de rentas y precios para la agricultura, que contempla también medidas particulares para jóvenes agricultores y para el relevo generacional, así como la política específica de desarrollo rural, financiada por el Feader. Este último está orientado, fundamentalmente, al fomento del emprendimiento mediante subvenciones a las iniciativas empresariales. Se gestiona a través de la metodología Leader, de carácter participativo, en la que las decisiones clave -estrategia de desarrollo, selección de proyectos financiables…- son tomadas por las instituciones del territorio. La política de desarrollo rural europea, a través de esta metodología, ha tenido una influencia notable en las zonas rurales beneficiarias de esta en las últimas tres décadas, fundamentalmente gracias a la diversificación económica mediante la activación de los recursos locales y al efecto demostración a consecuencia de la promoción de iniciativas emprendedoras de carácter innovador (Vázquez-Vicente & Peligros-Espada, 2018). Ello ha contribuido a mejorar el contexto donde habita la juventud, pero sin llegar a neutralizar su tendencia a migrar.

En ese sentido, se ha venido señalando un cierto agotamiento del impulso inicial del método Leader, como resultado de las crecientes dificultades para innovar a través del emprendimiento, las crisis económicas, la creciente burocratización, fiscalización y complejización de los procedimientos, lo que ha llevado a que los órganos locales de gestión del fondo -denominados Grupos de Acción Local (GAL)- se hallan convertido principalmente en gestores administrativos, teniendo que renunciar a la promoción integral del desarrollo. También se critica la falta de equidad en las ayudas, ya que “a quien más tiene, más se le da” (Cejudo-García et al., 2017; González-Fernández et al., 2023).

Este último aspecto afecta particularmente a la juventud, especialmente aquella más vulnerable, por las dificultades que tiene para concurrir a las distintas convocatorias debido a sus dificultades de financiación:

Tendrás que tener una inversión, si no tienes trabajo, entonces qué, a costa de tus padres o un préstamo, o si no tienes trabajo no te dan un préstamo. Para ser emprendedor, yo creo, que primero tienes que tener un colchón y si no tienes trabajo no vas a tener el colchón. (Jóvenes de Sierra de Segura). (González-Fernández & Montero-Logroño, 2020, p. 50).

Con todo, las investigaciones aquí reseñadas han puesto especialmente de manifiesto el desconocimiento de estas políticas por la juventud, por lo que se ha señalado la falta de comunicación entre los GAL y la juventud de sus zonas correspondientes como una de las principales “fricciones” (González-Fernández et al., 2023) entre unos y otros.

Hoy día con todo el tema de las redes sociales, que no, que los jóvenes no conozcamos eso o por lo menos aquí que no se conozca… yo qué sé, me parece impactante, . . . todo el mundo se entera de primera mano por el Facebook. (Jóvenes de Costa Occidental de Huelva). (González-Fernández & Montero-Logroño, 2020, p. 50).

Desde los propios GAL se reconoce esa desconexión con la gente joven, achacándola a la mencionada burocratización y a la falta de personal especializado, lo que dificulta la puesta en marcha de iniciativas de información y animación:

Si no tienes a alguien que se encargue de eso [género y juventud] . . . porque nuestro trabajo es gestión de programa . . . no tenemos ni tiempo ni opciones para hacer otras cosas. (GAL de Gran Vega). (González-Fernández & Montero-Logroño, 2020, p. 50).

En cualquier caso, se echa en falta una mayor adecuación del método Leader a los (cortos) tiempos de la juventud, a su capacidad de gestión de los procedimientos de solicitud de las ayudas y a las características y dimensión de los proyectos que podría presentar la juventud, así como la mencionada falta de comunicación para conocer las propuestas de las personas jóvenes. En ese sentido, la dificultad de incorporar mujeres o proyectos con impacto de género a las convocatorias también se reconoce entre las más jóvenes. Todo ello ha llevado a cuestionar la efectividad de las políticas de desarrollo rural a la hora de frenar la migración y descapitalización juveniles que sufren las zonas rurales españolas (González-Fernández et al., 2023).

Conclusiones

En este trabajo se han aportado evidencias empíricas para intentar ilustrar cuales son los factores que justifican el denominado “imperativo de movilidad” (Farrugia, 2016) al que se ve sometida la juventud rural, a causa de las condiciones estructurales del medio rural, los procesos de concentración metropolitana, los procesos de construcción identitaria de la juventud contemporánea, los valores socialmente asignados al medio rural y a los espacios metropolitanos… Se ha visto también como las políticas educativas y de desarrollo aportan elementos interesantes para incentivar la permanencia de las personas más jóvenes, pero que no garantizan, hoy en día, la sostenibilidad demográfica de este medio en el caso español, y en buena parte de los países de la Unión Europea, incluso aquellos con un mayor nivel de desarrollo.

Todo ello apunta a la necesidad de comenzar por reconocer las específicas características, necesidades, aspiraciones, representaciones y demandas de la juventud. Las ciencias sociales pueden jugar un papel relevante en ese sentido. A su vez, también se deberían poner en marcha propuestas dirigidas a modificar el panorama aquí descrito. En ese sentido, los distintos agentes han señalado la necesidad de promover el asociacionismo, sin olvidar los colectivos más vulnerables y la brecha de género; mejorar las condiciones de vida -servicios, empleo- y formación (REDR, 2022), así como el conocimiento de las agencias y programas. También se muestra la necesidad de promover alianzas entre las instituciones -especialmente educativas y la administración local- y las agencias de desarrollo. Asimismo, esas instituciones deberían contar con personal cualificado en juventud, al tiempo que promover líneas de ayuda, financiación y formas de gestión específicas para proyectos como los que puede promover la juventud. Sería también deseable el desarrollo de acciones transversales en el territorio para la animación y dinamización juvenil.

Como se ve, un desafío y un largo camino por delante. En cualquier caso, si se avanza en él de manera significativa, el objetivo de la reducción de la brecha que separa el medio urbano del rural, así como la sostenibilidad social de este último, estará mucho más cerca.

1 Desde finales de los años 1970 del siglo pasado, en España el territorio se divide a escala regional en 17 comunidades y dos ciudades autónomas, en un modelo similar al federal.

2 También se puede encontrar una reseña más detallada de los trabajos mencionados en González-Fernández y Montero-Logroño (2020) y González-Fernández et al. (2023).

3 Proyecto de investigación “Itinerarios formativos, desarrollo y sostenibilidad rural: relación entre las trayectorias académicas y las expectativas de arraigo de la juventud rural” (UPO-1260928). Este proyecto ha sido financiado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (Feder) y por la Consejería de Economía, Conocimiento, Empresas y Universidad, de la Junta de Andalucía, en el marco del programa operativo Feder Andalucía 2014-2020.

4 Cofinanciado por la Consejería de Universidad, Investigación e Innovación de la Junta de Andalucía, en el marco del proyecto de investigación de referencia ProyExcel_00354.

5 Grupo focal Sierra de Cádiz: H-M, ocupados, formación media-superior, sectores turismo y servicios (González-Fernández et al., 2012, pp. 107-112).

6 Grupo focal del Condado de Huelva: mujeres ocupadas eventuales, formación media-baja, sector agrícola y agroalimentario (González-Fernández et al., 2012, p. 145).

7 Grupo focal de la Axarquía (Málaga): zona periurbana, H-M, parados-eventuales, cualificación media-baja, sector servicios y construcción (González-Fernández et al., 2012, p. 120).

8 Ello se ha operacionalizado a través del diseño del IVR, que permitió establecer tres niveles de vulnerabilidad (alta, media y baja) entre los diferentes municipios de Andalucía con oferta formativa de los tres itinerarios, centrándose la investigación en los casos extremos -IVR alto y bajo-.

Disponibilidad de datos

Los datos están disponibles mediante solicitud al responsable de los distintos proyectos. Contactar con Manuel Tomás González-Fernández vía email: mtgonfer@upo.es

Cómo citar este artículo

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Recibido: 03 de Noviembre de 2023; Aprobado: 11 de Julio de 2024

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