INTRODUCCIÓN
Inventar nuevos posibles implica una nueva manera de ser afectados.
En muchos contextos académicos se mantiene la hegemonía intelectual como omnipresencia y lugar de superioridad del pensamiento científico, excluyendo a los saberes constituidos fuera del alcance de la racionalidad moderna. Este texto es una recuperación de experiencias compartidas por las comunidades de Chile, Argentina y Brasil, que da cuenta de la experiencia de investigación como desplazamientos de la matriz normalizada del saber y del conocer, caracterizada por el realismo epistémico, la pretensión de objetividad, la neutralidad y los rígidos límites de las ciencias, que separan la investigación de la vida. Este trabajo situado en nuestra praxis académica da cuenta de lo íntimo, lo propio, lo compartido, lo comunitario, vivenciado a través de: escuchar, conversar y constelar, como formas de habitar la investigaciónvida (GODOY, RAMALLO, RIBEIRO, 2021).
Los afectos en los cuerpos y las almas implican otra forma de ser y habitar los mundos. La apertura de lo propio permite disponer opciones epistémicas que no son absolutas ni relativas, valorando la experiencia desde un referencial que no pretende definir la diferencia de categorías de estudio como buenas o deseables. La experiencia de indagación-vida que proponemos se presenta como narración de la vida en la intimidad del tocar y el sentir (SEDGWICK, 2018) compartido, entonces, un habitar como investigadorxs de nuestras vidas con y desde los contextos educativos.
Comprendemos la investigación-vida a partir de la observación de nuestros cuerpos, deseos, miradas, palabras; conversaciones, representaciones, silencios y gestos que desbordan el orden lineal de las relaciones normativas tradicionales; sentires y reflexiones compartidas que invitan a escuchar y a conversar como una posibilidad de experienciar los márgenes que hoy sigue proponiendo la literatura canónica a la investigación en educación. Las investigaciones-vidas constituyen maneras de escuchar desde el cuerpo, reconociendo las sensaciones, sentires y pensares, en tanto advertimos cómo se van entretejiendo el gesto, la mirada, las voces y la distancia del observador que escucha. La indagación se nutre de la experiencia de esa escucha, del entramado de las conversaciones en común-unidad, donde la constelación habilita la investigación.
Investigaciones-Vidas en educación
La modernidad ha trazado regulaciones para la comprensión del mundo y ha validado el conocimiento, a partir de la violencia legitimada en la forma de hacer ciencia. La colonización gradual de las diferentes racionalidades de la emancipación moderna, por la racionalidad cognitivo-instrumental de la ciencia, subsumió la concentración de las energías y de las potencialidades emancipadoras de la modernidad en la ciencia y en la técnica (NAJMANOVICH, 2021; RIVERA CUSICANQUI, 2018; ROLNIK, GUATTARI, 2006; SANTOS, 2003, 2009). Si la ciencia se ha convertido en una productora de información y conocimiento cuya práctica invisibiliza y muchas veces niega diversas formas de producción de saberes, dominando manifestaciones culturales y adoptando la supremacía por sobre otras formas de comprender, habitando el mundo desde el conocimiento enjuiciado.
La investigación en educación nos muestra determinadas formas de ver el mundo y al ser humano ofreciendo soluciones, a través del uso de herramientas investigativas y de los antecedentes del estado del arte acumulado. La investigación tradicional en educación ha aportado al estudio de los factores inherentes al acto educativo en sí, su historia, el conocimiento profundo de su estructura, alcanzando, incluso, una investigación reflexiva y práctica, donde se pueden descifrar significados y construir escenarios concretos, simbólicos e imaginarios que forman parte del diario vivir (FIORDA, 2010). En relación a lo anterior, la investigación científica eurocéntrica (no sólo respecto de sus contenidos, sino también de sus formas y sus legislaciones científicas y teóricas) corta hilos de vida, experiencias locales, saberes ancestrales y narrativas culturales, al no validarlas.
Según el estudio de Ospina y Murcia (2012), han surgido propuestas de investigadores cuyos modelos y diseños para estudiar las realidades educativas han generado desplazamientos de las formas investigativas que hemos reconocido como omniscientes. Un ejemplo son los estudios de lo cotidiano (GARCIA, 2003) desarrollados en Brasil desde los 1990, en búsqueda de generar narrativas y relatos positivos desde y con las escuelas como contestación frente a las políticas neoliberales que orientan la educación pública. Reconocemos el esfuerzo de quienes se disponen a la indagación en minúsculo de los cotidianos educativos (GUEDES, RIBEIRO, 2019; PORTA, 2021).
Investigaciones-vidas surgen y brotan desde nuestras trayectorias vivas y entramadas; valoran la subjetividad por estar constituida por múltiples dimensiones no vinculadas estrictamente a la estratificación de los contenidos de la educación, cartografías habitualmente referidas a indicadores medibles, índices o variables controlables (ROLNIK, 1989). Por su parte, valoran aspectos flexibles afectivos, indeterminables, emergentes y vinculantes. Cuando esto ocurre en la investigación educativa, se construyen líneas de escape, convergiendo en procesos que traen lo nuevo. Estos procesos que son colectivos conectan con otros tiempos, con realidades soterradas o lo que va más allá del sujeto; construyendo nuevos territorios existenciales (DELEUZE, PARNET, 1998).
Desde el gran imaginario social, múltiple y diverso, emergen formas de investigación, mientras se mantienen las formas hegemónicas o utopías queer (MUÑOZ, 2019) de futuridades no normativas. Comprender lo anterior posibilita reconocer que podemos (o no) desplazarnos hacia procesos investigativos sensoriales, experienciales, eróticos, corporales y sexuales (RAMALLO, 2019). La experiencia investigativa en común-unidad desplaza lo individual y desintegra lo personal recuperando movimientos que erotizan la vida misma. Cuando nos escuchamos y conversamos, resonamos y ampliamos nuestras miradas; nos encontramos como extensión de un cuerpo articulado (GODOY LENZ, 2021). Conversar, escuchar y constelar se integran y nos entraman, articulando el sentir con el pensar. Las investigaciones-vidas no pretenden mostrar un método ni una técnica exacta de hacer investigación; su praxis encuentra relaciones posibles entre modos de vivir e indagar la vida misma en su devenir.
¿Quién sabría sobre ti en el camino recorrido si no eres escuchado?; ¿Cómo saber de sí mismo, en el recorrido de la experiencia sin escucharse?; ¿Cómo dar paso a la emergencia de lo nuevo, de posibles horizontes sin el encuentro dado en las conversaciones?; ¿En qué movimientos y trayectorias se configura la investigación, si no es en y desde la vida misma?
Conversar
El vientre social habitado históricamente, desde sus distintos territorios de Argentina, Brasil y Chile, respectivamente, vincula la educación y el aprendizaje, las sensaciones, el amor, el erotismo, la creación y la reflexión compartida como placer indagativo de la vida. Conversar es una posibilidad de desvestir caminos recorridos del pensamiento para aventurarse en nuevas trayectorias posibles. Conversar como juego que nos desarticula, donde los saberes y aprendizajes van emergiendo, compone miradas plurales experimentando las diferencias que nos constituyen y desplaza nuestros límites en gestos de escucha.
Las conversaciones nos llevan a vórtices donde el encuentro es inexorablemente imprevisible y naciente. Recorrer historias en las conversaciones acontece como forma de vida compartida en la investigación. Intercambiar ideas, aromas, sabores, imaginarios, texturas, flujos, imágenes y relatos permite reconocernos. En la intensidad de las palabras, la poesía, el arte, el silencio, entre sus cercanías y distancias, poliniza la trama de las conversaciones. Clarice Lispector (1969), en su libro el Aprendizaje o El libro de los placeres, entiende a las personas como a la vida misma. La vida y las personas están ahí, sucediendo, entre tanto. Podemos estar viviendo en medio del temor, intentando la sonrisa para disfrazar ese falso amor; tal vez ocultando el miedo para no referirnos a lo que realmente importa, o no hemos usado la palabra amor para no tener que reconocer la pasión, el celo y sus opuestos.
La experiencia de conversar como instanciación, diría Suely Rolnik (1989), es una forma de conectar, de extendernos al otrx, de vivenciar estar en nuestro lugar con el otrx, siendo nosotrxs, siendo cuerpo, sensaciones, sentires y pensares. Aquí las palabras se terminan de tejer con las palabras o miradas del otrx: una común-unidad donde las ideas se siguen hilvanando en metáforas de vida y sus diferencias y singularidades. Como experiencia comunitaria de investigación y vivencia de sentidos compartidos, permite explorar nuestros bordes infinitos, alejados de la condición de depredadores del conocimiento. El encuentro es siempre mucho mayor que la explicación, roza la piel. Las conversaciones ponen en tela de juicio las certezas cristalizadas, verdades transparentes y creencias solidificadas, extendiendo nuestros puntos de vista en la escena investigativa.
Desde lo vivido en nuestras distintas experiencias de investigación-vida, podríamos decir que las conversaciones no comienzan, continúan; son procesos de resonancias, relaciones y redes; formas de empezar y haber empezado, intensidades, destellos y movimientos. Cuerpos que se tocan y se interponen, se entrecruzan en sentires-pensamientos. Común-unidades, al sabor de las horas y al temblor del tiempo que van configurando la experiencia del encuentro como llegada y acercamiento. A través de los encuentros componemos metáforas, analogías, abstracciones e improvisaciones semánticas que van hilvanando el imaginario de un recorrido por lo íntimo y por lo compartido. Conversar explorando nuestros bordes infinitos, como juegos donde emergen las preguntas al escucharnos.
Conversar con y a través de palabras, señas, sonidos, miradas, cuerpos, silencios. Conversar oralmente y/o a través de la escritura, dibujo, bordado… Conversar posibilita distintos modos de ser y ponerse en relación, de comunicarse, expresarse, acercarse del otrx y su mundo.
Escuchar
Las investigaciones-vidas no se resumen en la experiencia individual ni en un conjunto de vivencias. Hemos investigado habitando la relación, el flujo, la fuerza y la posibilidad de estar (siendo) en las diferencias que nos singularizan y entraman. Estas resonancias, entre cuerpos que vibran y fuerzas deseantes, en vez de preguntarse por lo que es, invitan a estar ahí, reconocer lo que nos provoca, sentir/pensar/inventar y estar disponible para comprender los sentidos presentes en la educación.
Somos investigación, comunidad indagativa que abraza nuestra tierra, nuestros saberes, marcas, sueños, deseos y placeres. Hemos nacido movidxs, alegres, irreverentes, para recordar aquello que vitaliza, transforma y permite (des)habitar las multiplicidades, dado que somos unidad-variabilidad y al mismo tiempo multitud-pluralidad. La experiencia investigativa en investigaciones-vidas nos moviliza a colaborar, compartir y transmutar los espacios-tiempos normativos lineales, intentando descomponer los marcos paradigmáticos habituales. Cada investigadorx puede reconocerse (des)marcadx en su experiencia de vida y, desde su vibración erótica-pensante, no separa la investigación de la vida. Pareciera que las marcas que llevamos como investigadores no son las que nos reconocen desde el nacimiento, sino que componen memorias sin tiempo consteladas en las distintas redes - afectivas, epistémicas y sociales - que nos constituyen. Escuchar con todo el cuerpo, como experiencia de investigación pulsante, nos brinda encuentros, deseos y movimientos vivos.
En lugar de privilegiar el modo en que el discurso construye el sujeto y la sociedad, las investigaciones-vidas escuchan aquellos aspectos somáticos, sensibles e (in)materiales que (des)configuran la ontología social. Escuchar como modo de desnaturalizar la ficcionalidad y normalidad de la producción de los saberes científicos en el devenir de la vida podría advertir el aprendizaje vivo en nuestro investigar. No llegamos a ser investigación sin escuchar la vida, sin vivirla como encanto.
Las palabras y experiencias compartidas nos atraviesan una y otra vez. Hablan de puntos constelares que se encuentran en los cruces de los sentires, formas de decir y vivenciar las investigaciones-vidas. A partir de temáticas, recorridos y procesos singulares, locales y comunitarios surge la posibilidad de pronunciar nuestras voces, eso que no está en la boca, en la garganta o en el pensamiento solamente, sino en nuestros cuerpos como encuentros y conversaciones. Conversaciones-experiencias que nos reúnen y constelan como modos de investigar-vivir atravesados por la invención, el diálogo entre vida y ciencia, como parte de una misma dinámica vincular. Así, polinizados por el enjambre de palabras somos cuerpos-presencias, cuerpos-performances y cuerpos-colectivos en la investigación.
Somos cuerpos que escuchan, observan, sienten y piensan. La escucha es dispositivo de investigación-vida: hace posible escuchar al otrx mientras me escucho a mi mismx, a percebir lo comunitario y el común en lo íntimo. Escucho porque converso, converso porque escucho. ¿Escuchamos?
Constelar
Las investigaciones-vidas como constelación pueden reconocer elementos auto etnográficos de relaciones consigo mismxs, con otrxs, y con los mundos. No se trata de un proyecto con un objetivo a alcanzar e ideas preconcebidas que aplicar, sino un abrazo a la ignorancia que nos constituye como semillas de vida. Esta incertidumbre de lo que ha de brotar de nuestras vidas sale de nuestros marcos de referencias. La vida como experiencia encarnada presenta al mismo tiempo la posibilidad de aprender entre saberes e ignorancias. La ignorancia se desnuda y afirma diferentes modos de ser, pensar, sentir y habitar los mundos. La investigaciónvida, desde la experiencia, lo inesperado y la contingencia, subraya la indivisibilidad entre ciencia y vida.
Constelar es crear comunidades, experimentar ambientes de aprendizajes, aprender como gesto de investigación compartida. Intentamos desde esta constelación de aprendizaje y praxis académica, compartir la experiencia de investigación-vida. Allí donde las conversaciones nos interpelan, desarticulan, complementan, nutren. Se hace posible gracias a las voces escuchadas, fotografías, cartas, encuentros, entre-vistas, bordados, pinturas, películas compartidas, meditaciones, danzas etc. Somos múltiples voces en constelación, somos constelaciones, oportunidad de reinventarse siempre, artística, estética, ética, política y eróticamente; constelación como artesanía plural, singular y colectiva.
La vida es una potencia narrativa y la narración es una fuerza que hace posible la vida (KRENAK, 2019). En los movimientos indígenas de Latinoamérica, por ejemplo, el gesto de narrar surge en la re-existencia cultural y social colectiva, en la común-unidad bajo historias, metáforas, dolores, luchas, deseos y sueños comunes. Igual que los pueblos originarios, las personas sordas, con sus culturas comunitarias alrededor de una lengua común (PERLIN, 2013), nos invitan a sentir-pensar las relaciones sociales y discursivas como experiencia de lenguaje, de encuentro, de intercambio, de construcción de sentidos. En la investigación-vida, en cualquier contexto educativo por cierto, nos interesa lo vivo de las relaciones, las conversaciones, los procesos vitales, las redes tejidas en búsqueda de otras metáforas para compartir nuestros sentires y pensares. Así va surgiendo la idea de investigaciones-vidas como constelaciones. Constelaciones y saltos de estrellas inspiran nuestras reflexiones. Aun cuando nos encontremos separados a distancias considerables en distintas latitudes del cono sur latinoamericano, somos agrupaciones de estrellas relacionadas entre sí. Lo interesante de la constelación es que ella no pide ser una unidad y cada estrella tiene un brillo singular, único, una forma, una intensidad, que incluidas en el universo de la constelación, es una experiencia compartida, una relación.
La posibilidad de constelar como experiencia de creación comunitaria, de aprendizaje en unidad, implica que los hilos soterrados de la realidad personal se entretejen y se mueven hacia la obra colectiva, tratándose de una construcción compleja del aprendizaje de los mundos. Lo que como novedad logramos comprender es la experiencia vinculante de vernos en el otrx así como que el otro nos ve en sí mismo. Desde la unidad en la emoción, las experiencias de constelación de aprendizajes compartidos se reconocen en la matriz de la unidad, en la experiencia de unx que es, al mismo tiempo, plural: cuerpo-constelación (KRENAK, 2019).
Constelar supone sacar afuera en unidad y visualizar aquello soterrado que nos aborda, aquello que está contenido, como si se tratara de información ya existente que desconocemos en su sentido. La constelación de aprendizaje aparece en nuestra experiencia investigativa como la fuerza interna de cada uno, entendida como la fuerza común o de todos, que se manifiesta o se muestra como expresión de las realidades por medio de narraciones (GODOY, 2021; GODOY, RIBEIRO, 2021).
Es necesario valorar que la constelación como experiencia de aprendizaje no nos fragmenta, no se vive desde el pensamiento o desde la emoción, o desde la dimensión física; se vivencia de manera integrada en cada cual, con todxs y entre todxs simultáneamente. Es necesario valorar que la experiencia de investigación-vida como constelación es reflejo del movimiento y transformación en que estamos permanentemente y el manifiesto de la condición de cambio que como seres en unidad vivimos. La constelación es tierra viva que articula lo físico, lo químico y lo ecológico para renovarnos integrándose. Renovación que supone desmarcar lo habitual y lo aprendido como mecánica de vida, un regalo para alcanzar formas de hacer, pensar y sentir la investigación.
Desde la unidad en el sentipensar, las investigaciones como constelaciones son el flujo continuo en el cambio de la trama que nos articula, y que también nos contrapone, desde donde podemos reconocernos como ensamblajes, como la externalización de lo que construimos de manera compartida. Nos permite el intercambio reflexivo en el diálogo construido desde nuestras representaciones, creencias, imaginarios, saberes, poniendo al desnudo los vacíos de aquello que no sabemos, desde donde se erige la duda y la sombra de la duda. Constelar como experiencia del sentir y del pensamiento que nos permite mostrar al otrx la dimensión de la falta de la certeza que habitamos.
La constelación aparece en nuestra experiencia de investigación-vida en educación como fuerza interna entendida como fuerza común que se manifiesta o se muestra como expresión de las realidades tejidas en lo colectivo: comunidades. Constelar supone sacar afuera en unidad, mientras visualizamos también aquello soterrado que nos aborda, aquello que está contenido como si se tratara de información ya existente en nos-otres: ideas, sentimientos, imaginarios, símbolos y metáforas en reflejos.
Las experiencias vinculantes hacen que las ideas de cada cual conversen entre sí, chocando algunas veces como ecos, complementos, extensiones, distancias y cercanías de sentidos de palabras. Constelaciones que constituyen movimientos en cada une de nosotres como experiencias de creación compartida con la palabra, el gesto, el arte, el cuerpo, la lengua como desplazamientos en unidad. Son el flujo continuo que va entretejiendo la trama de tantos hilos, textos, investigaciones que permiten poner al desnudo los vacíos de aquello que no sabemos, de aquello que se erige en la duda, el asombro y la curiosidad. Constelar como experiencia del pensamiento posibilita desestabilizar la certeza que habitamos, pluralizar miradas y reivindicar ignorancias. Somos saberes e ignorancias, también aún-no-saberes: somos eso, aquello y todo lo contrario. La constelación es metáfora de los modos de ser, estar, habitar y performar en y con los mundos.
Valorar la constelación como experiencia no nos fragmenta. No se vive desde el pensamiento o desde la emoción disociada de la razón, no se vive desde la dimensión física aislada, ni de la vivencia de cada cual, sino con todes y entre todes simultáneamente. La constelación surge entonces como metáfora del movimiento permanente y como manifiesto de la condición de cambio que como seres en unidad vivimos: somos sujetes comunitaries, así como nos invita a pensarnos Ailton Krenak (2019). Para el autor indígena brasileño, somos espacios y tiempos de convivencia como nutriente de un sujetx colectivx.
En la filosofía Ubuntu, de los pueblos originarios de África, se comprende y enseña muy bien ese sentido constelado a través de la idea de que yo soy porque nosotres somos. No hay espacio ni tiempo para la constelación fuera de la relación, de la conversación, de la intimidad de la escucha y del encuentro. La constelación es una invitación a vivenciar la totalidad en movimiento; es tierra viva que habilita desmarcaciones de lo habitual, de lo aprendido como mecánica de sobrevivencia. Es un regalo para intentar borrar un poco la violencia, los prejuicios que forman las prácticas investigativas tradicionales; invitación a experimentar y conocer nuevas formas de hacer, nuevas formas de pensar y sentir: cosmologías y cosmogonías en relaciones. Una constelación no se resume en cada elemento individual como un texto aparte, como un conocimiento aislado o como un conjunto de investigaciones escindidas; no es cada una de las investigaciones, sino más bien, flujos de relaciones como vidas en investigación. Es la relación, la fuerza y el flujo, la posibilidad de estar (siendo) que nos singulariza y relaciona.
Es difícil delimitar lo que la constelación es o podría ser; no se trata de una cosa, sino un estado, una relación. Como resonancias entre presencias, potencias y existencias, vibra en fuerzas deseantes como oportunidad de reinventarse y reconocerse a sí mismx y con otrxs (artística, estética, ética, política y eróticamente). Constelación como el mundo que habitamos en nuestros cuerpos, y también nuestros cuerpos en el mundo, sin unidad impuesta, sino más bien composiciones, y flujos interconectados. Metafóricamente, el cielo y la tierra son una posibilidad de asombrarnos frente a los mundos donde nace la belleza y la posibilidad de mirarnos y encantarnos. La experiencia de constelar nos vincula en múltiples planos emocionales, pensantes y sensoriales que nos llevan a experimentar multiplicidad, caótica y simbiótica.
Las investigaciones-vidas como constelación reconocen elementos autoetnográficos de relaciones consigo mismxs, con otrxs, y con los mundos. No se trata de un proyecto con un objetivo a alcanzar e ideas preconcebidas que aplicar, sino un abrazo a la ignorancia que nos constituye como semillas de vida. Esta incertidumbre de lo que ha de brotar de nuestras vidas, en la investigación tradicional, no se considera como contenido investigativo, ya que sale de nuestros marcos de referencias. La vida como experiencia encarnada presenta al mismo tiempo la posibilidad de aprender entre saberes e ignorancias. La ignorancia se desnuda y afirma diferentes modos de ser, pensar, sentir y habitar los mundos. Las investigaciones-vidas, desde la experiencia, lo inesperable y la contingencia, subraya la indivisibilidad entre ciencia y vida.
Constelar como praxis académica es crear comunidades y experimentar en ambientes de común-unidad, viviendo la investigación educativa como gesto compartido. Allí donde las conversaciones interpelan, desarticulan, complementan y nutren. Las investigaciones-vidas como artesanía plural, singular y comunitaria indagativa, se dan con las voces escuchadas, fotografías, cartas, encuentros, entre-vistas, conversaciones, bordados, pinturas, películas, meditaciones, otros; investigación-vida que nos encuentra en las diferencias y deconstruye las miradas y prácticas tradicionales educativas que nos separan.
La vida es una potencia investigativa y la investigación es una fuerza que hace posible la vida. Habitar la investigación-vida pulsa y poliniza saltos y movimientos constantes donde vivenciamos la totalidad y sus partes, al mismo tiempo. El aprendizaje y la investigación son parte de la comunidad-vida; desmarcan lo habitual, lo aprendido, transbordando nuestras propias formas de hacer, pensar, sentir e investigar como líneas abiertas y flujos de vida.
PALABRAS FINALES
Esta propuesta indagativa no surge como una técnica, una metodología desde los márgenes normativos investigativos. No se trata de un esfuerzo o deseo de pensar o proponer un método, sino un movimiento-invitación a valorar la constelación como forma de habitar la educación; el movimiento es lo vital y la vida es investigación. Hemos buscado vivir esta red, sin que las ideas antecedan el cuerpo, ni los conceptos antecedan el andar. Los modos de habitar nuestras investigaciones-vidas se crean y recrean a lo largo del aprendizaje y de la propia experiencia educativa. No busca respuestas, son las preguntas las que abren mundos y nos abren al mundo. Las investigaciones-vidas emergen en la relación, en la vida misma.
Las investigaciones-vidas se encuentran en las marcas que nos constituyen, en aquel deseo que nos lleva a conversar, escuchar y constelar. Esa huella irrepetible que cada une recorre, encarna la experiencia atravesada por la emoción, la erótica, lo sensorial y la belleza en su fuerza transformadora. En el fragmento de la poesía de Franco Gherardelli Bugueño (2021), investigaciones-vidas emerge así:
Acariciemos nuestras heridas, para a lo nuevo darle la bienvenida.
Que esto no se detenga, que lo que tenga que brotar salga a bailar.
…Estamos en una fiesta debajo del mar, acá todo se puede dar.
Quiero llegar donde el cielo se encuentra con el mar, delicioso manjar. Sucediendo al mismo tiempo en muchas partes, somos una obra de arte traída desde marte a la tierra a pasear.
…Vamo a cantar, vamo a brindar, vamo a amar, vamo a dar.
No hagas planes, planea, sueña con los pies y el corazón.
…Que la vida es un río, déjate fluir sin miedo al vacío.
Aquí vamos navegando poniendo en alto lo que nos va llegando…
Ahí viene un coco flotando, vamos a tomar el agua nadando… ey! nadando, splash!. Lo que es, es y lo que no es, no es. (Diario de memorias del artista)
Las constelaciones fueron creaciones en el trayecto, vivencias propias y compartidas, marcas del secreto de la piel, la vida en la educación alcanzando lo íntimo. Investigar con y en la vida nos llevó a imaginar, metaforizar y posibilitar una educación con lenguajes variados y estéticas diversas. En lo doméstico, surge lo indagativo como posibilidad de habitar la investigación en la vida: Expansión de cuerpos, pieles que comparten sensaciones, respirar acompasado, instanciación que reconoce el desvestir de las propias marcas como vivencias de acoplamiento. El fluir en la experiencia de aprendizaje compartida o vivenciar la constelación, nos lleva a comprender la desintegración de las propias vidas y el encuentro donde somos y estamos siendo en las diferencias.
Las investigaciones-vidas como episteme de sentirse y reconocerse a sí mismo en un todo, colabora en sentirnos en común-unidad. Historias de herencias y descendencias, infancias compartidas, juegos y ambientes de relaciones no preestablecidas, sino que reconocidas por sus narradores como constelación en la relación; supone reconocer lo más inmediato y cercano, el flujo natural del contexto-vida. En síntesis, desinstalar la escisión trabajo-vida y deshabitar el rol del investigador educativo que vive las experiencias educativas separadas de la vida. La investigación-vida en educación surge en la conversación, la escucha y la constelación y surge al entrar en la biografía epistémica de lo afectivo y erótico, vivo y doméstico presente. Estamos frente a una investigación encarnada en el cuerpo que escucha la propia vida; un reconocimiento de la investigación en la vida y de la vida en la investigación; una educación que investiga y que nos permite vivir.
Flácidos y transportables nuestros límites actúan como las líneas abiertas de este texto, como movimientos que llegan a este mundo que ya estaba y que continúa siendo vida en pluralidades. Somos constelación y la constelación nos es. Somos investigación y la investigación nos es.
Agradecemos el apoyo financiero de DIDULS/ULS, a través del proyecto PAAI n. PAAI213193.
Saludamos la rectora de la Universidad de La Serena, Dra.
Luperfina Rojas Escobar, primera mujer rectora de la Institución, en 2022.
Dedicamos (in memoria) a la inspiración sensible y constelada que nos regaló Franco Gherardelli Bugueño.














