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Cadernos de Pesquisa

versão impressa ISSN 0100-1574versão On-line ISSN 1980-5314

Cad. Pesqui. vol.55  São Paulo  2025  Epub 15-Out-2025

https://doi.org/10.1590/1980531411261 

ARTÍCULOS

LAS SIGNIFICACIONES SOBRE LAS MUJERES Y RELACIONES DE GÉNERO EN UNIVERSITARIOS

OS SIGNIFICADOS SOBRE AS MULHERES E AS RELAÇÕES DE GÊNERO ENTRE UNIVERSITÁRIOS

MEANINGS ABOUT WOMEN AND GENDER RELATIONSHIPS IN UNIVERSITY STUDENTS

REPRÉSENTATIONS DES FEMMES ET RELATIONS DE GENRE CHEZ LES ÉTUDIANTS UNIVERSITAIRES

Bibiana Edivey Castro FrancoI  , conceptualización y gestión del proyecto, curación, análisis y validación de datos, redacción del manuscrito original, revisión, aprobación de la versión final del trabajo
http://orcid.org/0000-0002-3812-5832

Jaime Alberto Carmona ParraII  , curación, análisis y validación de datos, redacción, revisión y aprobación de la versión final del trabajo
http://orcid.org/0000-0001-5263-2374

IUniversidad del Cauca (Unicauca), Popayán, Colombia; becastro@unicauca.edu.co

IIUniversidad de Manizales (UManizales), Manizales, Colombia; jcarmona@umanizales.edu.co


Resumen

El artículo retoma una investigación doctoral finalizada en el año 2022. El objetivo es comprender la vivencia de las masculinidades en universitarios hombres. El método es la hermenéutica. Teóricamente, retoma perspectivas de las ciencias humanas y sociales, sobre las masculinidades, el género, la performatividad y las relaciones de poder de sexo. La recolección de la información se hace con 21 jóvenes, entre 18 y 28 años de edad. Los hallazgos muestran la baja repercusión de la política de educación inclusiva con perspectiva de género, normatizada para las universidades de Colombia en el 2018, en las masculinidades vivenciadas en el ámbito universitario. Los estudiantes cuentan con un entramado contradictorio de significaciones sobre las mujeres y sufren por la precarización de las relaciones intragénero.

Palabras-clave: MASCULINIDAD; GÉNERO; ENSEÑANZA

Resumo

O artigo retoma uma pesquisa de doutorado concluída no ano de 2022. O objetivo é compreender a experiência da masculinidade em universitários do sexo masculino. O método é a hermenêutica. Teoricamente, retoma perspectivas das ciências humanas e sociais sobre masculinidade, gênero, performatividade e relações de poder entre os sexos. A coleta de informações é feita com 21 jovens, entre 18 e 28 anos de idade. Os resultados mostram o baixo impacto da política de educação inclusiva com perspectiva de gênero, normatizada para as universidades da Colômbia em 2018, nas masculinidades vivenciadas no âmbito universitário. Os estudantes têm um conjunto contraditório de significados sobre as mulheres e sofrem com a precariedade das relações intragênero.

Palavras-Chave: MASCULINIDADE; GÊNERO; DOCÊNCIA

Abstract

The article draws on doctoral research completed in 2022. The objective is to understand the experience of masculinities among male university students. The method used is hermeneutics. Theoretically, it draws on perspectives from the humanities and social sciences on masculinities, gender, performativity, and power relations between sexes. The information was collected from 21 young people between the ages of 18 and 28. The findings show low impact of the inclusive education policy with a gender perspective, standardized for Colombian universities in 2018, on masculinities experienced in the university environment. Students have a contradictory set of meanings about women and suffer from the precariousness of intragender relationships.

Key words: MASCULINITY; GENDER; TEACHING

Résumé

Cet article reprend une recherche doctorale achevée en 2022. Il vise à comprendre l’expérience de la masculinité chez des étudiants universitaires de sexe masculin. La méthode adoptée est celle de l’herméneutique. Sur le plan théorique, l’étude mobilise des perspectives issues des sciences humaines et sociales sur la masculinité, le genre, la performativité et les relations de pouvoir entre les sexes. Les données ont été recueillies auprès de 21 jeunes âgés de 18 à 28 ans. Les résultats mettent en évidence le faible impact de la politique d’éducation inclusive avec une perspective de genre, mise en œuvre par les universités colombiennes en 2018, sur les masculinités en milieu universitaire. Les étudiants sont aux prises avec un ensemble de représentations contradictoires concernant les femmes et confrontés à la précarité des relations intra-genre.

Key words: MASCULINITÉ; GENRE; ENSEIGNEMENT

Este artículo hace parte de un trabajo de grado doctoral terminado en el año 2022 y que tuvo como objetivo: “comprender las masculinidades de jóvenes universitarios y promover sus transformaciones en lo concerniente a la vivencia de las masculinidades y lo relacional” (Castro Franco, 2022, p. 56).

La investigación se enmarca en la política de inclusión con enfoque e identidades de género establecida para Colombia a partir del 2018 (Ministerio de Educación Nacional [MEN], 2018), basada en una perspectiva diferencial de derechos que propone “un enfoque conceptual sobre educación inclusiva, establece los procesos, principios y retos de la educación inclusiva; define las estrategias y acciones dirigidas a grupos poblacionales priorizados” (p. 9).

Respecto a la trascendencia de la política de inclusión con perspectiva de género en las universidades colombianas, Mora-Duran y Marín-Pino (2024) concluyen que, a la fecha, hay desafíos por superar en las instituciones de educación superior: “especialmente en lo que respecta a la revisión y la actualización de los marcos de actuación de las políticas institucionales de inclusión, que deben ser más contextualizadas” (p. 1), También señalan que: “aún se requiere implementar programas y acciones de formación y sensibilización para promover el respeto, la igualdad de género” (p. 13), y adicionalmente consideran relevante no obviar: “el impacto de factores estructurales y contextuales, como el conflicto armado, el desplazamiento forzado y la violencia política en Colombia” (p. 13), como tampoco pasar por alto la urgencia de financiamiento en las universidades de las acciones asociadas a la inclusión con perspectiva de género. Por otra parte, las autoras indican que, en Colombia, algunas universidades han adelantado el desarrollo de iniciativas en relación con las políticas de género, pero estas se encuentran en fases iniciales, lo cual coincide con otros países de Latinoamérica (Mardones-Leiva et al., 2025).

Recientemente en el país, se promulgó la Ley 2365 de 2024, que tiene por objeto:

. . . garantizar el derecho fundamental a la igualdad, no discriminación y una vida libre de violencias mediante la adopción de medidas de prevención, protección y atención a las víctimas de acoso sexual en el contexto laboral y en las instituciones de educación superior. (Ley n. 2365, 2024, p. 1).

Esta ley brinda soporte y fortalece las acciones institucionales para la atención y prevención de las violencias basadas en género en las universidades y demás instituciones de educación superior en Colombia. En relación con la implementación de la jurisprudencia enunciada, es importante señalar que el ámbito universitario colombiano carece de mecanismos eficaces de seguimiento y evaluación que permitan medir el impacto real de la política de inclusión con perspectiva de género y la prevención de las violencias basadas en género.

Retomando, el contenido del presente artículo deriva de una investigación cuyos hallazgos en su totalidad están compuestos por cuatro afirmaciones derivadas de las narrativas de los actores sociales. No obstante, en el presente documento sólo se abordarán los hallazgos que aluden a una de las afirmaciones identificadas: “Complejización de las significaciones sobre las mujeres y la vivencia de las relaciones intra e intergénero en jóvenes universitarios”.

El apartado de la discusión es un diálogo entre los hallazgos de la investigación y los aportes teóricos de las ciencias humanas y sociales sobre las masculinidades, el género, la performatividad y las relaciones de poder.

Las reflexiones de este artículo son pertinentes para investigadores del campo del género y de las ciencias humanas y sociales, educadores, jóvenes y colectivos universitarios de género. En relación con el campo de la educación universitaria, el artículo aborda un aspecto vigente y problemático para Colombia, como es la inclusión en términos de la perspectiva de género, las implicaciones en lo relacional y el logro de la igualdad en el ámbito universitario. La juris- prudencia en relación con la equidad de género en la universidad colombiana es reciente: en el 2018 se establecen los Lineamientos de Política de Educación Superior Inclusiva con Perspectiva de Género y, en el 2024, la Ley 2365.

Método

La investigación de la cual devienen los hallazgos abordados es cualitativa, con perspectiva hermenéutica de Gadamer (1999), y acoge la complementariedad (Martínez-Miguélez, 2010), articulando en el trabajo de campo técnicas de la fenomenología, la narrativa, la reflexividad y la estética, como detonantes de la expresión de las subjetividades y problematizadores de las masculinidades.

El trabajo de campo y recolección de la información se llevó a cabo en un periodo de diez meses, mediante talleres formativo-vivenciales y entrevistas a profundidad, estas últimas sólo para los cuatro informantes claves. Mediante estas técnicas, los estudiantes universitarios tenían la oportunidad de conversar, retroalimentar y expresar sus subjetividades y vivencias de las masculinidades propias y percibidas en el contexto inmediato.

Los universitarios que participaron en el estudio fueron 21 estudiantes, mayores de 18 años de edad, solteros, provenientes de estratos socioeconómicos vulnerables, sin inscripción étnica,1 heterosexuales, excepto 2 personas, todos identificados con el género masculino, menos 1 persona que manifestó adscribirse a un género no binario, matriculados en diferentes áreas del conocimiento académico y que aceptaron hacer parte del proceso después de conocer y firmar el consentimiento informado. En este artículo, los jóvenes y sus narrativas son presentados con 2 letras mayúsculas, protegiendo el anonimato y preservando la confidencialidad.

En el proceso de tratamiento de los datos y análisis de la información, se recurre a la teoría fundada a partir de la interpretación: “análisis línea por línea” de las narrativas de los estudiantes (Strauss & Corbin, 2012, p. 131). Se realizó la codificación axial (7848 códigos extraídos de 372 páginas transcritas) y categorización mediante el establecimiento de tejidos o relaciones entre categorías creadas por la interpretación de los fenómenos, configurando categorías más densas y comprensivas, de las cuales derivaron un conjunto de cuatro afirmaciones sobre el fenómeno de las masculinidades, y a esto se le denominó “la matriz del paradigma”, siendo una de sus afirmaciones constitutivas la que se aborda en este artículo.

Hallazgos

El artículo retoma los hallazgos correspondientes a una de las afirmaciones de la matriz del paradigma: “Complejización de las significaciones sobre las mujeres y la vivencia de las relaciones intra e intergénero en jóvenes universitarios”.

La afirmación fue obtenida durante el proceso de análisis de las narrativas de los estudiantes, expresadas en los talleres (trabajo de campo). A continuación, se abordará el primer componente de la afirmación: “Complejización de las significaciones sobre las mujeres”, significaciones que, en la cotidianidad de la vida, se construyen al interactuar el joven tanto con sus pares que vivencian el mismo género como con las personas que vivencian otros géneros.

Complejización de las significaciones sobre las mujeres

Los estudiantes albergan, para sí mismos y en relación con los otros pares, concepciones sobre la mujer que presentan entramados, matices y contradicciones, lo cual se refleja en las diversas narrativas que serán retomadas y analizadas en este artículo.

Por un lado, algunos jóvenes enfatizan, al referirse a la mujer, su condición de objeto sexual, centrándose exclusivamente en visibilizar, por ejemplo, sus atributos físicos y su capacidad de despertar el deseo sexual en el hombre.

Yo considero que, las mujeres han de sentirse…, bueno, ustedes dirán [mirando a las mujeres presentes] orgullosas. Orgullosas de su belleza, de su feminidad y a la vez, yo considero que, dominantes ¿por qué una mujer se arregla tanto? si no es, para lograr generar una sensación tan fuerte en alguien tanto así, como para dominarlo y atraerlo. Entonces, yo creo que, de alguna forma, esas dos sensaciones son las que pueden llegar a sentir una mujer, sintiéndose hermosa y bella que, puede llegar a atraer al que ellas desean. (JG, 23 años, estudiante de Fisioterapia).

Al tiempo que un estudiante plantea lo anterior, otros estudiantes cuestionan los comportamientos de los hombres en los cuales se cosifica sexualmente a la mujer o se establece con ella una relación de sometimiento respecto al hombre.

Una cosa, tal vez sea, un elogio, un halago, pero el piropo, siempre va a ser sexual y siempre va a tender a exaltar o a detallar características de la otra persona en este caso la mujer. Y pienso que, nadie está pidiendo la opinión acerca de su cuerpo, por ello creo que el piropo es innecesario en cualquier momento, nunca nadie tiene o debería sentirse en el derecho de opinar sobre el cuerpo del otro. (AC, 21 años, estudiante de Filosofía).

En consonancia con esta perspectiva, algunos estudiantes expresan rechazo al empleo de un lenguaje despectivo y obsceno por parte de los hombres hacia las mujeres. Este lenguaje se considera una expresión del ejercicio de poder y subordinación frente a otras y otros.

La violencia verbal es usada por los hombres para ejercer su “supremacía” frente a las mujeres, por lo general usando términos que vulneren la autoestima de la persona, para así crear un sujeto más fácil de manipular. (CA, 21 años, estudiante Ingeniería Electrónica).

Desde otra perspectiva, varios de los universitarios no expresan motivación por ejercer control hostil sobre las mujeres y optan por formas más sutiles de poder que siguen perpetuando la heteronormatividad, al sostener la posición de dependencia de la mujer hacia el hombre, incluso en el cuidado de sí mismas.

Yo creo que es algo muy normal en los hombres tratar de ver a las mujeres indefensas, pensar que ellas no pueden ir solas, en cambio, uno se dice así mismo; a mí no me va a pasar nada, porque yo soy hombre. (N, 24 años, estudiante de Ingeniería Agropecuaria).

En correlación con esta significación reducida de la mujer, pero enmascarada de una supuesta valoración por parte de los jóvenes, se encuentra la de aquellos que requieren de la mujer para que los organice en torno al trabajo y la vida personal y sólo tienen expectativas sexuales, románticas, de cuidado y asistencia en su interacción con las mujeres; respondiendo con estas expectativas a la configuración naturalizada de la mujer y la feminidad con rasgos asociados al cuidado de otros y a la satisfacción de las necesidades y expectativas de los hombres, que ubican a las mujeres en una posición de subordinación y negación de sí.

En esta foto, estamos haciendo trabajos supuestamente, porque siempre que nos reunimos en un parche así, alguien intenta estudiar, pero la recocha, los hombres siempre mantenemos como ese papel de que no somos muy organizados y, entonces, por ejemplo, en los grupos de trabajo siempre falta una mujer para que organice y nos guíe, porque ellas son más juiciosas. Y en ese momento [que corresponde al tomado en la fotografía] deberíamos estar estudiando, porque a eso fuimos, pero estamos en recocha, ahí estamos contentos. (FG, 22 años, estudiante de Ingeniería Civil).

Por el contrario, algunos actores sociales experimentan en un momento del curso de sus vidas la necesidad de separarse de la figura materna y de la mujer en general; probablemente como una manera de reafirmar su virilidad con otros hombres y/o en respuesta al temor que les suscita confrontarse o identificarse con lo femenino, que se empieza a representar con precariedad.

Llegada la adolescencia, yo perdí esa conexión con mi hermana, porque entré el colegio, los amigos y los videojuegos, ya no quería jugar con ella. Mi hermana, me decía: “¡juguemos!” y yo respondía: “no quiero, ahora, quiero jugar otra cosa” o “voy a jugar con mis amigos”, y terminaba yendo a los Xbox a jugar “play” y con los años fui perdiendo esa relación con ella, y sí, lo extraño. (CA, 21 años, estudiante de Ingeniería Electrónica).

En ocasiones, los estudiantes hacen énfasis en las diferencias de la mujer respecto al hombre, para lo cual naturalizan los rasgos considerados tradicionalmente propios de las mujeres y las actuaciones que sostienen dichos rasgos estereotipados: “Uno muchas veces intenta acudir a una mujer, no sé, quizás sea por la ternura, la sensibilidad, siento que es un ser confiable, sobre todo si es conocida y allegada” (JG, 23 años, estudiante de Fisioterapia).

Otros universitarios asumen cualquier oportunidad de relacionarse con una mujer como una opción romántica para establecer una relación de pareja sentimental o reconfirmar su masculinidad hegemónica, reafirmándose con ello que estas son las únicas formas de interacción intergénero contempladas por algunos de los universitarios.

Yo personalmente, tiendo a buscar y a confiar más en una mujer, pues porque la veo como la compañera, yo veo a la mujer como esa persona que va a estar más en la vida de uno que un hombre, porque una mujer puede ser la compañera de vida para siempre, la madre de los hijos de uno, con quien uno se puede casar. En cambio, con un hombre yo pongo ciertos límites, ahí no hay nada. (MAN, 28 años, estudiante de Licenciatura en Música).

Otros estudiantes expresan temor a perder sus fuentes y expresiones de poder frente a las mujeres, cuando estas exhiben roles poco esperados dentro de la normatividad hegemónica, que confrontan sus significaciones estereotipadas sobre las mujeres.

La escena más impactante fue cuando la mujer [aludiendo a un personaje de la cinta No soy un hombre fácil que, siendo mujer, asume roles convencionalmente atribuidos al hombre] quería mantener el rol masculino, ese orgullo de hombre, era ella la que invitaba, pagaba, la que tenía el dinero y en esta realidad, es el hombre quien tiene ese orgullo de: “yo soy el que saca a la mujer, yo soy el que la invito”. (F, 20 años, estudiante de Ingeniería Electrónica).

En contraste con lo anterior, algunos actores sociales logran experimentar gusto por establecer relaciones de amistad e intimidad con las mujeres, sin alimentar un interés sexual o de poder respecto a las mujeres.

En mi caso yo no comparto mucho con los hombres, comparto más con las mujeres. No sé si sea porque la crianza mía fue con mujeres y puede que eso lo tenga muy arraigado y tal vez por eso sea que me llevo mejor con las mujeres o hablo mucho más con ellas que con los hombres. (AM, 22 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

Para algunos de los jóvenes, la significación patriarcal de la mujer es promovida por las mismas mujeres, al reproducir las masculinidades hegemónicas y machistas en los contextos relacionales.

Es curioso pensar como las mujeres también se construyen a sí mismas en sociedad, porque en mi caso personal, cuando yo era sensible, entonces como que las mujeres se me burlaban ¿ah que por qué llora tanto? ¿Ah, qué por qué es así tan sensible? Y ya pasando a la otra forma de hombre masculino fuerte, que hace llorar a las mujeres, lo buscan a uno, le ruegan, lo persiguen a uno. Pienso, entonces, cómo las mujeres pueden reproducir los modelos machistas, porque sí tienen un hombre que es diferente, no lo cuidan, no lo valoran. (AG, 24 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

De otro lado, algunos universitarios describen a la mujer en su rol de madre, como figura de autoridad usualmente coercitiva (para ello se soportan en la experiencia en torno a la figura materna que experimentaron cuando eran niños), que reproduce los rasgos de las masculinidades hegemónicas asociadas a la jerarquización del ejercicio del poder y el sometimiento de los otros, en este caso personificado en la figura de la mujer y la madre.

Las normas siempre las colocaba mi mamá, ella era quien permanecía más en la casa que mi papá, siempre era muy estricta, siempre nos mandaba a jugar después de haberle hecho lo que mandaba ella, sino, no nos permitía salir, y cuando ella decía ¡no vas! era ¡no vas y punto! entonces uno tenía que hacerse a la idea y cancelar todo. (JC, 23 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

Los estudiantes, a pesar de describir algunas de las actuaciones de la figura materna como coercitivas, no toman consciencia de este rasgo heteronormativo vivenciado en la relación temprana con la mujer, solo lo identifican si un actor externo lo interpreta de esta manera.

Respecto al ejercicio de autoridad por parte de las mujeres, manifiesta un participante:

Al momento de escuchar la interpretación de que las madres pueden ser hetero normativos, me pareció que no lo dijimos directamente, pero sí se planteó, es como una conclusión que se da, muy válida, que no solamente la masculinidad está en los hombres, sino que también hay masculinidad femenina, entonces me parece que el rol como madre también puede implicar una masculi- nidad de jerarquía. (GV, 21 años, estudiante de Geotecnia).

En contraste, algunos actores sociales plantean que, en torno a la construcción de significaciones respecto de la mujer y la feminidad, juega un papel importante la asunción de rasgos de masculinidad hegemónica de parte de las mujeres y consideran que esto responde precisamente al contexto heteronormativo del cual hacen parte, que limita sus actuaciones, llevándolas a ajustarse y acoplarse a lo hegemónico para poder ser legitimadas; lo cual refleja que los estudiantes perciben que en el entorno social se subvalora todo aquello que no responda al patriarcado y lo masculino, caracterizado por la verticalidad de las relaciones y la imposición de las actuaciones.

Pienso que la masculinización en las mujeres es la herramienta que tienen las mujeres o cuerpos feminizados en la sociedad para poder ejercer un mando, creo que muchas veces sí es necesaria y no lo vemos solamente en las familias, sino en el resto de espacios donde estos cuerpos participan, sean profesoras, o sean funcionarias de un banco, de una alcaldía o en otras instituciones. Necesariamente siempre creo que tiene que haber una masculinización, porque lo femenino o cuerpos feminizados no son tomados en cuenta sino tienen estos rasgos, es porque también este ambiente exige que lo masculino es lo que de la pauta para poder tener algo de participación sea política, social, dentro de todo ámbito, debe darse esta conducta para ser las mujeres tenidas en cuenta. (AC, 21 años, estudiante de Filosofía).

Es así como, en ciertas narrativas, los estudiantes identifican en sus significaciones sobre la mujer y la feminidad la vulnerabilidad social de la mujer y la necesidad de reconocimiento y legitimación social como sujeto de derechos.

Siempre cogen a una mujer y le dicen: muéstrame en la Constitución ¿qué puedo yo como hombre, qué vos no podes hacer? y vos ves y casi todo es lo mismo, pero es que, no es más en derecho, sino más en la construcción social y la mujer es vulnerada por la construcción social, no por la Constitución. (A, 21 años, estudiante de Enfermería).

En correlación con lo anterior, algunos jóvenes expresan respecto a la mujer concepciones que alcanzan niveles de reivindicación, identificándola como protagonista de actuaciones no convencionales, incluso disruptivas en el contexto social.

En esta fotografía, están unas compañeras de medicina y de agrarias, ese día me pareció curioso porque había más mujeres, era una marcha. Lo que representa como la lucha actual de las mujeres para hacerse escuchar en este país. Representa como que ya ellas se empoderan, les enseñan a los hombres que tienen un poder también, ellas pueden salir a luchar, a protestar. Hoy, las mujeres han decidido involucrarse y participar en las problemáticas que aquejan a la sociedad, saliendo a las calles a marchar, a hacerse escuchar, a mostrar su fuerza; sin la necesidad de tener a su lado a un hombre que dé la cara por ellas. (FG, 22 años, estudiante de Ingeniería Civil).

En lo que respecta de manera específica a la feminidad, algunos estudiantes la asumen para sí, pero solo en términos de apariencias y estéticas, desconociendo y reduciendo lo que implica la construcción del género en términos de identidad y vivencia de sí mismos y mismas.

Tanto las mujeres como los hombres podemos usar productos que nos mejoren nuestra apariencia, puede ser en eventos o algo así, lo podemos ver muy claro en los actores que se maquillan, entonces ¿por qué nosotros los hombres no podemos maquillarnos y salir al público? (JC, 23 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

Otros actores sociales pueden asumir prácticas consideradas femeninas, siempre que las signifiquen desde la perspectiva heteronormativa, posicionándolas como masculinas y con ello asegurando preservar su virilidad, como se identifica en el siguiente diálogo:

Los hombres ya no vamos a la peluquería, vamos a la barbería. (AG, 24 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

¡Ah a la barbería! pero tiene familiaridad con la peluquera, y eso también es delicado. (MAN, 28 años, estudiante de Licenciatura en Música).

Yo no le veo nada de delicado, el “man” hasta lo puede cortar. Es narcisista, no es afeminado ¿cierto?, una persona narcisista cuida mucho de su apariencia, yo el día que tenga dinero sé que me vuelvo narcisista. No creo que ser narcisista sea dañino, mucho Champo y muchas cremas para la piel. (AG, 24 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

Algunos estudiantes identifican el impacto que la cultura, manifestada en el mandato hegemónico y patriarcal sobre el género, ha tenido en su vivencia de la feminidad.

Los hombres eran los más sensibles en la película, creo que en la vida real, eso define a la mujer, ella es más sensible que el hombre, no es porque sea machista, porque en realidad se define así por la parte hormonal, las mujeres son más sensibles y el hombre tiene más tendencia a ser el más fuerte. (F, 20 años, estudiante de Ingeniería Electrónica).

Otros hombres asumen la feminidad como una característica que es propia de las mujeres, y que los hombres pueden adoptar para sí mismos mediante procesos de identificación: “Amo mi feminidad, porque tengo la mejor maestra que es mi madre” (JC, 23 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

El segundo componente de la afirmación abordada en este artículo alude a las formas concretas de expresarse por parte de los universitarios, las relaciones tanto inter como intragénero: “vivencia de las relaciones intra e intergénero en jóvenes universitarios”.

Vivencia de las relaciones intra e intergénero en jóvenes universitarios

En lo que se refiere de manera concreta a lo relacional, los hallazgos sugieren que se identifica con frecuencia en los estudiantes una postura crítica frente a las relaciones de poder intergénero, cuando cuestionan las ventajas de ser hombre respecto a la vulnerabilidad de las mujeres, en grado tal que algunos jóvenes llegan a recusar los beneficios con que cuentan los hombres.

Uno como hombre está dado a tener tantas libertades en el mundo, como en algunas familias, es el caso de la mía, se piensa que niño hombre “nació para ser libre, que hay que dejarlo salir a jugar, hay que dejarlo hacer lo que le plazca, porque él es un niño y a él no le va a pasar nada”; por el contrario, la mujer, o sea mis hermanas eran las que aseaban la casa, las que mantenían todo en orden. De alguna forma, eso fortaleció su carácter, y ahora ellas son mujeres de bien y tienen su vida ordenada, en cambio yo… (JG, 23 años, estudiante de Fisioterapia).

En correlación con lo anterior, los actores sociales rechazan como parte de sí algunos rasgos de las masculinidades hegemónicas (jerarquización, sometimiento, subvaloración del trabajo doméstico, separación entre el mundo doméstico y público) que interpretan a manera de estereotipos de género, independiente de que los perciban continuamente en sus contextos inmediatos y los asuman como parte de sí.

Quiero quitar esa distancia que existe entre hombres y mujeres, y donde la mujer cumple el rol de madre y es la que siempre tiene que criar a los hijos, entonces yo intento quitar ese estigma que ha impuesto la sociedad, promoviendo que los hombres también pueden llegar a ser padres. (AL, 23 años, estudiante de Licenciatura en Básica Primaria).

Así mismo, en ocasiones los estudiantes reconocen el carácter de invención humana de la categoría género y sus implicaciones divisorias de lo humano, lo cual hace factible la opción de cambio en el sentido de la superación de la discriminación y segregación por género; un ejemplo de ello es cuando cuestionan las aparentes ventajas que el contexto otorga a los hombres, al tiempo que expone a las mujeres a condiciones de vulnerabilidad.

El hombre es la principal víctima, también es el principal favorecido, no, porque, esto también crea y establece unas relaciones de poder, donde pues lo masculino siempre va a prevalecer, y tiene que prevalecer porque históricamente ha sido así, entonces, obviamente va haber miedo a poder generar situaciones que pongan en duda o puedan quitarle el poder al sujeto. (AC, 21 años, estudiante de Filosofía).

Otros universitarios, por el contrario, recalcan el valor de acogerse a los géneros binarios, abogando así por mantener el statu quo: “Porque una sociedad recta sólo admitiría hombres y mujeres, como hombres y mujeres. Entonces, si aceptamos toda diversidad, ya no habría esa vertiente en las sociedades rectas y totalmente tajantes” (JR, 28 años, estudiante de Filosofía).

En esta misma línea, algunos estudiantes cuestionan las luchas de las mujeres o de las personas LGBTI, considerando que carecen de sustento y percibiéndolas como arbitrarias, como se observa en la narrativa de un estudiante que está objetando a otro, quien se expresa en favor de reconocer la diversidad de género y de prácticas sexuales.

¡Listo! puedo representarme como a mí se me dé la gana, pero así no estoy considerando la perspectiva de la otra persona, entonces, eso choca. Tú decías hace rato, pensar en el otro, pero no estoy mirando que de pronto yo lo estoy molestando en este instante, y porque a mí me da la gana le meto un puño, pero no estoy pensando en el otro, que a él puede incomodar, que le puede también afectar en ese aspecto. (N, 24 años, estudiante de Ingeniería Ambiental).

Respecto a las relaciones intragénero, los estudiantes identifican y cuestionan las jerar- quías y relaciones de poder que se dan entre hombres y que están enmarcadas en la masculi- nidad hegemónica.

Al observar personas que tienen más dinero que otros y que por ello, se crean más que los demás, creo no es ético. Eso se ve mucho en los hombres, en lo masculino, siempre vemos el fanfarrón, el que muestra que más tiene y por eso es el que manda. (JA, 23 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

Por otra parte, algunos universitarios consideran que las relaciones entre hombres, de manera específica con pares de amigos, pueden ser fraternales: “Yo siempre tuve un compañero de toda la vida, nos conocemos los problemas, lo que hemos vivido y casi siempre recurrimos el uno al otro” (FG, 22 años, estudiante de Ingeniería Civil).

Otros jóvenes consideran las relaciones intragénero satisfactorias, al caracterizarse por la camaradería y por el refuerzo de las masculinidades hegemónicas.

En las situaciones de “líos” ya sean amorosos, diferencias personales, se puede llegar a concluir que en los hombres es muy fácil solventar diferencias vividas en el pasado y que es posible compartir e incluso entablar una amistad con alguien, que en un momento se puede haber considerado como un “oponente o persona no grata”. Y pasar a segundo plano aquellos temas. (N, 24 años, estudiante de Ingeniería Agropecuaria).

Mientras que otros jóvenes manifiestan que no cuentan con amigos hombres o no les interesa intimar con una persona de su mismo sexo, al considerar que estas relaciones no les re- sultan gratificantes.

Por eso uno dice: “pa que le voy a contar a los amigos, lo que van a hacer es joderme, me voy a terminar emputando y voy a terminar mandando todo a la mierda”. Muchas de las cosas que uno no les cuenta a los amigos, lo más típico es que, se le ríen y dicen: “¡ah! mucha hueva como va a cometer ese error”, uno busca soluciones y lo comienzan a recochar a uno. Entonces no, por eso creo que, los hombres no confiamos en contarle los problemas a otros hombres porque se nos van a reír y a sacar la rabia. (GV, 21 años, estudiante de Geotecnia).

Por su parte, algunos actores sociales consideran factible y abogan por establecer relaciones honestas y de confianza no sólo entre hombres, sino también intergénero.

Hace mucho tiempo las conversaciones entre hombres y mujeres no eran tan comunes ni tampoco bien vistas; sin embargo, ese trato que ahora tenemos unos con otros nos ayuda a aprender de ellas y ellas de nosotros. (JC, 23 años, estudiante de Licenciatura en Ciencias Naturales y Educación Ambiental).

De otro lado, algunos universitarios expresan desesperanza en torno a la honestidad en las relaciones humanas independiente del género y sexo de las personas, y aducen que estas se encuentran caracterizadas por el consumismo, el pragmatismo, el individualismo y la desconfianza.

Hoy en día, no sólo las mujeres, también los hombres pueden dejarse comprar con dinero, hoy en día, todo el mundo, para cualquier cosa tiene un precio, obviamente dependiendo de la persona y del interés, es el precio. (F, 20 años, estudiante de Ingeniería Electrónica).

En esta misma dirección, algunos actores sociales identifican y cuestionan la tendencia social a la desconexión con el otro, como expresión de la desconfianza frente al mundo.

La sociedad se está perdiendo y estamos viviendo como individuos. Pienso que, lo que nos ha llevado a eso, es el avance de lo que nos han estado mostrando que es mejor: vivir de forma individual y olvidándose del compañero, que a la larga esa relación puede que le traiga dolor. La gente está cohibiéndose de relacionarse y más trabajar por lo suyo. (CE, 21 años, estudiante de Enfermería).

En contraste, otros estudiantes abogan por la conexión con los otros y de esta manera plantean la importancia de deberse a otros, limitando el grado de individualismo y libertad propia en pro de una ética social.

Para abordar mi concepción de hombre y de sí, retomo al héroe, para mí es aquel que tiene poder, y el poder está hecho para usarse, para ayudar a los débiles, y en ese caso lo planteé. Todos tenemos el poder de elegir, y siendo que todos podemos elegir, todos podemos ser mejores y siempre aspirar a más, entonces creo que todos podemos ser héroes y que todos tenemos la capacidad de hacer el mejor esfuerzo de nosotros y dar el 100% para ayudar a los demás. (AS, 18 años, estudiante de Ingeniería Electrónica).

Discusión

El presente apartado articula los hallazgos de la investigación con la literatura en torno al género y las masculinidades, desarrollada por diferentes disciplinas: sociología, antropología, psicología, psicoanálisis y filosofía.

Retomando el primer componente de la afirmación abordada en los hallazgos de este artículo:

Complejización de las significaciones sobre las mujeres

La cual se abordará a partir de los ejes: la mujer como objeto sexual y sujeto pasivo frente al patriarcado; la mujer como partícipe en el sostenimiento del patriarcado; la mujer como sujeto subordinado a lo masculino y patriarcal; la mujer como opuesto y complemento del hombre; y la estigmatización de la feminidad.

La mujer como objeto sexual y sujeta pasiva frente al patriarcado

Se identifica que algunos jóvenes pueden sostener imágenes hipersexualizadas e hi- perfemeninas respecto a las mujeres, representadas en un supuesto poder biológico de atracción física ostentado por la mujer. Al tiempo, estos mismos jóvenes alimentan la idea de la pasividad de la mujer, atrapada por el anhelo de ser deseada y reconocida por el hombre y a la espera de ser conquistada.

Estas significaciones de la mujer también reflejan como algunos hombres, al relacionarse con la mujer, fragmentan el cuerpo de esta, lo genitalizan (Gaytán-Sánchez, 2009; Muñoz-Onofre, 2004), sexualizan y, en sintonía con ello, la abordan, despojando a la mujer de su potencia como ser integral y autónoma.

En coexistencia con la significación de la mujer como objeto de deseo sexual del hombre, en las narrativas estudiadas se identifica que pervive la significación de una mujer sin deseo sexual, ni un deseo propio; por ello, los estudiantes no se preguntan por el deseo de la mujer, sólo la visibilizan como carente y a la expectativa de ser reconocida.

Siguiendo en esta misma línea de significación hipersexualizada y pasiva de la mujer, a los actores sociales no deja de inquietarles la pregunta de si se asume o no como violencia hacia las mujeres el acoso sexual en espacios públicos y la práctica de los piropos, es decir, aún para los universitários no es claro, el acto de violencia que conlleva opinar, hacer observaciones y hacer exigencias sobre el cuerpo e intimidad de una persona que no lo ha solicitado ni consentido, más aún cuando esta acción está enmarcada en relaciones de poder.

Al respecto, Martínez-Lozano (2019) ha encontrado que en Colombia el acoso sexual ejercido por profesores y estudiantes se percibe como exhibición de la potencia intelectual y sexual de los hombres y es usualmente invisible y tolerado en las instituciones universitarias (Fuentes-Vásquez, 2019; Martínez-Lozano, 2019; Moreno-Sardà, 2007).

En correlación con las líneas anteriores, algunas de las narrativas de los estudiantes permiten identificar que estos reconocen las manifestaciones machistas al interior del escenario universitario actual (Castro Franco & Carmona Parra, 2021; Zabalgoitia-Herrera, 2022) y las evidencian cuando expresan rechazo respecto a dichas expresiones; sin embargo, esto no impide que terminen por acogerlas en su vida cotidiana.

La mujer se concibe como un objeto del hombre, que no goza de libertad frente al deseo de éste, por ello se contempla como natural que esté sujeta a sus reacciones y apreciaciones. Sin embargo, el cuerpo del hombre no se asume en la misma condición: este goza de autonomía frente a la mujer, en la forma de vivenciarse y de constituirse en sujeto con un deseo existencial y sexual propio.

La mujer como partícipe en el sostenimiento del patriarcado

De otro lado, algunos jóvenes justifican el machismo y lo vinculan a la idea de que las mujeres también están ejerciendo masculinidades patriarcales, en la medida que perciben sus ventajas y deciden tomar partido de ello.

De otro lado, con base en lo planteado se encuentra que, si bien los universitarios perciben, describen e incluso cuestionan la vulnerabilidad y desventajas de las mujeres en la universidad, esto no implica que articulen dicha problemática de opresión de la mujer a las dinámicas planteadas por la sociedad androcéntrica (Moreno-Sardà, 2007).

Para algunos jóvenes, la apropiación de la normatividad hegemónica por parte de la mujer representa una amenaza que les genera temor, resentimiento y rivalidad; al ver en peligro el ejercicio del poder y su lugar de privilegio en la sociedad, pareciera que no están dispuestos a compartir sus ventajas de género dominante y por ello desvirtúan los intentos, equivocados o no, que llevan a cabo algunas mujeres por lograr una mejor posición en las relaciones y en el ámbito social.

Las narrativas de los jóvenes son ambiguas y contradictorias; al tiempo que se acusan a las mujeres de ejercer el patriarcado para beneficiarse de este, desconocen que fue el feminismo, bajo el liderazgo de mujeres, que denunció e hizo de esta manera evidente la problemática de inequidad alimentada por el patriarcado (Kean & Buiten, 2024).

Adicionalmente, se considera que los estudiantes se muestran ambiguos en sus significaciones de las mujeres, en la medida que les atribuyen responsabilidades respecto a su situación de desventaja social, mientras que ponen en evidencia y cuestionamiento la inequidad sufrida por parte de las mujeres y sus luchas sociales, como se evidencia a continuación. En cualquiera de los casos no es visible si reconocen la importancia de empezar a establecer relaciones de igualdad en el ámbito educativo, aspecto enfatizado en la literatura actual en el campo (Iglesias-Martinez & Téllez-Infantes, 2025).

La mujer como sujeto subordinado a lo masculino y patriarcal

Se identifica que algunos universitarios no solo observan en el contexto que los circunda el establecimiento de las relaciones jerarquizadas de género, sino que al mismo tiempo las normalizan, lo cual coincide con los hallazgos encontrados en otros estudios de autores latinoamericanos (Castillo-Viveros et al., 2019; Cubillas-Rodríguez et al., 2016; Ghasemian et al., 2016; González-Cid, 2024; Peña-Axt et al., 2022; Mardones-Leiva et al., 2025) quienes plantean en sus artículos haber identificado, en las universidades y en otros contextos, el sostenimiento de relaciones jerárquicas y de poder respecto a las mujeres, a quienes los hombres subordinan al tiempo que se atribuyen el derecho a disponer sobre los cuerpos, emociones, habilidades, características, gustos y elección de carreras universitarias de las mujeres. Al respecto, Butler (2002) plantea que la forma como se materializan los cuerpos en la sociedad suele responder a una jerarquía sexual que es histórica y sedimentada.

Según diferentes autores (Castro Franco et al., 2023; Fuentes-Vásquez, 2019; González-Cid, 2024; Martínez Lozano, 2019; Moreno-Sardà, 2007; Peña-Axt et al., 2022), las universidades están constituidas sobre el patriarcado, que fomenta relaciones jerárquicas y expone a las mujeres y a las personas LGBTI a la subordinación e injusticia social. Esta jerarquización está expresada en diferentes prácticas naturalizadas y legitimadas por los hombres, como: el sexismo, la misoginia, la subordinación y la segregación de género.

En torno a las jerarquías de género, se introduce el concepto de “dominación de los hombres sobre las mujeres” (Bourdieu, 2000, p. 24) y se aduce que está representado por relaciones de poder en diferentes ámbitos entre hombres y mujeres. Se agrega como la familia, la iglesia, la escuela y el Estado son instituciones de socialización que se han inscrito en los sujetos para encargarse de proteger el Estado de dominación en la cotidianidad, aspectos identificados en la literatura actual sobre el campo (Castro Franco et al., 2023).

Adicionalmente, Ruíz-Arroyave (2015) manifiesta que el sistema de sexo-género establece jerarquías, mediante el sexismo y la misoginia; jerarquías sustentadas, según algunos autores (Bourdieu, 2000; Muraro & Boff, 2004), en ideologías de poder y valores que no dan lugar a las relaciones éticas e inclusivas.

Algunos autores abordan las implicaciones de las relaciones de subordinación y plantean que el sistema sexo-género, al estar articulado a las relaciones de dominación y subordinación, genera en el contexto “oportunidades diferenciadas a varones y mujeres” (Olavarría, 2014, p. 303) que son interiorizadas por la subjetividad de las personas. Este aspecto alusivo a la inequidad de oportunidades en función del género es ampliamente fundamentado en documentos oficiales colombianos y en la literatura académica (Fuentes-Vásquez, 2019; González-Cid, 2024; Hearn & Howson, 2019; Martínez-Lozano, 2019; MEN, 2013) en términos de segregación.

Adicionalmente, en la literatura sobre masculinidades, se considera que estas prácticas de subordinación de las mujeres están asociadas a una vivencia de las masculinidades hegemónicas denominada “ideología del honor” (Katzman et al., 2024, p. 2) y incluso suelen ser los soportes de la violencia de género.

La mujer como opuesto y complemento del hombre

Igualmente, algunos de los hallazgos sugieren que a las significaciones de la mujer por parte de los hombres, subyace la idea tradicional de complementariedad y oposición entre hombres y mujeres y entre lo masculino y lo femenino, tendencia identificada y expuesta por algunos autores (Cerva-Cerna, 2018; Moreno-Sardà, 2007; Núñez-Noriega, 2016) quienes refieren que el modelo femenino tradicional, se plantea en términos de diferenciación del modelo viril, donde uno y otro solo pueden asumirse opuestos y complementarios, minimizando de esta manera, las semejanzas que existen entre hombres y mujeres y rechazando la opción de comprender que los géneros son concepciones de actuación dentro del proceso de socialización a las que pueden acudir de manera indiferenciada hombres y mujeres.

A partir de esta apropiación de la complementariedad de géneros y sexos, por parte de los estudiantes, se consolida la pervivencia en sus subjetividades de los rasgos de masculinidad que sostienen el sexismo. Las dificultades e implicaciones negativas, generadas por el acogimiento de la complementariedad entre sexos, se han identificado y problematizado igualmente en documentos oficiales (MEN, 2018) y por autores en el campo de las masculinidades como Kimmel (1997, 2017) y Olavarría (2014).

Ahora, la representación tradicional de complementariedad de la mujer puede responder a una especie de autoprotección de los hombres de su posición aparentemente más ventajosa con que cuentan en relación con el poder y demás privilegios, lo que los lleva a estar motivados por mantener vigente la división de géneros.

La idea de complementariedad sostenida por la mayoría de los universitarios de la investigación permite comprender cómo algunos de ellos requieren de la mujer para que asuma el rol asistencial del hombre entorno al trabajo y la vida personal y otros sólo tengan expectativas sexuales y románticas en su interacción con las mujeres, al tiempo que no pueden establecer relaciones de igualdad con estas.

Avanzando en comprender el fenómeno de cosificación y utilización de la mujer que suele acarrear la idea de complementariedad, se retoma a Rubín (1986), quien parte de considerar que existen relaciones de subordinación entre mujeres y hombres, las cuales se sustentan en argumentos biológicos, heteronormativos y económicos, a partir de los cuales la mujer se constituye en una posesión más dentro del capital simbólico de los hombres, para servirse de ella u ostentarla. En la literatura en el campo, se encuentran varias investigaciones latinoamericanas que identifican esta concepción en hombres, aún con formación universitaria (Canto et al., 2017; Moreno-Sardà, 2007; Muñoz-Sánchez, 2017; Sánchez-Guzmán et al., 2017).

Los hallazgos confirman que la tendencia de los hombres jóvenes de asumir a la mujer desde una perspectiva sexista y cosificada deriva, en buena parte, de la sanción e invalidación ejercida por los grupos de referencia de hombres sobre sus pares durante la adolescencia y juventud.

Estigmatización de la feminidad

Cuando los jóvenes llegan a presentar una actitud de apertura genérica, usualmente la censura se da a través de la puesta en cuestionamiento de su heterosexualidad y la estigmatización de la feminidad (Ghasemian et al, 2016; Muñoz-Onofre, 2004; Muñoz-Sánchez, 2017) y el ser mujer.

Desde otra perspectiva, algunos actores sociales han acogido ciertas prácticas consideradas tradicionalmente femeninas y se identifican con ellas sin que les representen malestar. De modo que, a diferencia de las significaciones de complementariedad, en algunas de las narrativas de los estudiantes, se pudo identificar que algunos de ellos logran entablar relaciones de amistad, de respeto y de afecto hacia las mujeres desligadas del interés sexual y de su cosificación.

Sin embargo, es llamativo encontrar como otros estudiantes asumen dichas prácticas una vez que logran resignificarlas bajo términos que las posicionen como masculinas, para con ello lograr poner a salvo la virilidad y en consecuencia mantener los privilegios que esto supone, como: la superioridad, la heterosexualidad y la dominación masculina.

Retomando la literatura en el campo, esta estrategia de ajuste responde a que, en el proceso cultural de institucionalización del hombre, que, en términos de Badinter (1994, p. 134), se asume como “pedagogía homosocial”, suele definirse la subjetividad del hombre y la masculinidad, diferenciándolas de lo femenino y de la mujer, y ubicando a las mujeres como referentes de lo que no puede, ni debe ser el hombre (Bourdieu, 2000; Cerva-Cerna, 2018; Fedele et al., 2019; Menéndez, 2001; Muñoz-Sánchez, 2017; Olavarría, 2014).

Sin embargo, estas posturas de oposición y las de aparente ajuste respecto de las feminidades van en contracorriente con el carácter relacional y de conexión con las feminidades que en efecto requiere la actual vivencia del género y las masculinidades (Cerva-Cerna, 2018; Connell & Messerschmit, 2013; Ruíz-Arroyave, 2015; Crea Equidade, 2018a).

En síntesis, los hallazgos en torno al primer componente de la afirmación sugieren que, al interior de las masculinidades, no hay homogeneidad en cuanto a las vivencias de estas, independientemente de los esfuerzos de la sociedad por defender la masculinidad como una condición de género idealmente compacta, estable y hegemónica.

Al respecto, algunos autores (Moreno-Sardà, 2007; MEN, 2018) plantean que esta heteroge- neidad en las masculinidades vivenciadas responde a que la subjetividad masculina no depende de su sexo, por tanto, los hombres internamente no pueden llegar a ser un grupo homogéneo, y esto implica que experimenten y manifiesten diversidades en sus masculinidades vivenciadas.

La vivencia de las relaciones inter e intragénero en jóvenes universitarios

Respecto al segundo componente de la afirmación abordada en el artículo: la vivencia de las relaciones inter e intragénero en jóvenes universitários, comprende los siguientes ejes: necesidade de conexión humana y ética con el otro; ambivalencia respecto a las relaciones profundas a nivel intra e intergénero; y jerarquización de las relaciones intragénero.

Necesidad de conexión humana y ética con el otro

Los hallazgos indican que algunos estudiantes anhelan e incluso buscan estar en conexión con los otros, cuestionando y limitando el grado de individualismo (característico de las masculinidades patriarcales) en pro de construir, como ellos mismos lo plantean, relaciones éticas con las demás personas y con la naturaleza.

Al respecto, algunos autores señalan que los jóvenes de las recientes generaciones tienden a contemplar nuevos referentes frente a la vida, entre ellos, el reconocimiento de derechos, el prin- cipio de igualdad, la democratización de las relaciones, la equidad (Fuller, 2012; Crea Equidad, 2018b; Olavarría, 2014) y mayor aceptación de la diversidad sexual (Chvatík et al., 2022; Fuller, 2023).

Lo anterior se puede relacionar con el planteamiento según el cual las generaciones recientes se han socializado en un contexto de globalización, donde los discursos realzan ciertas formas masculinas políticamente correctas a asumir (Muñoz-Sánchez, 2017), así como también dan importancia a los derechos humanos y la consciencia social y ambiental (Mardones-Leiva & Vizcarra-Larrañaga, 2017), curiosamente en paralelo con el individualismo y el consumismo (Bauman, 2004).

Igualmente, algunos estudiantes expresan en sus narrativas que les resulta factible y anhelan lograr establecer relaciones honestas, generosas y de confianza intragénero e intergénero. Sobre este elemento, Nussbaum (2014) plantea que, en efecto, es importante alimentar la generosidad, confianza y amor tempranos en la vida de los individuos, contribuyendo así a que los movimientos de su ser se dirijan a la erotización de la curiosidad hacia el exterior, hacia los otros, reduciendo la presión ejercida por el egoísmo, la codicia, la agresividad y el narcisismo.

En concordancia con la autora, Muraro y Boff (2004) proponen que el sujeto requiere eroti- zar las relaciones con el mundo exterior, evitando sucumbir con ello a la erotización del thanatos o la exclusiva erotización de sí mismos.

Ambivalencia respecto a las relaciones profundas a nivel intra e intergénero

Algunos actores sociales pueden incluso reconocer abiertamente el afecto que experimentan hacia otros hombres; sobre este aspecto, Nussbaum (2014) propone que se requiere en el ámbito universitario fomentar emociones apropiadas para la vida moral: empatía, amor, respeto, aflicción, indignación, compasión, altruismo, el interés emocional por los otros, sentir al otro cercano, familiar, tomar consciencia que el otro tiene un mundo, sin hacer discriminaciones en función de las diversidades presentes.

Es importante señalar que, de acuerdo con los hallazgos, si bien los universitarios anhelan experimentar la intimidad y la confianza de expresar sus preocupaciones y ansiedades con los otros, suelen no lograrlo, debido a su acoplamiento a la normatividad hegemónica; esto coincide con lo identificado por diversas investigaciones (Wagner & Reifegerste, 2024) que identificaron que los jóvenes alemanes sufren de depresión tras aislarse y no poder comunicar sus sentimientos y vivencias a otros. Por su parte, Fisher et al. (2024) encuentran en su investigación la necesidad y las formas de buscar ayuda de jóvenes australianos con ansiedad.

Desde otra perspectiva, los jóvenes universitarios reconocen que, al aceptar y expresar su afecto hacia otros hombres, están haciendo caso omiso de las restricciones de la heteronormatividad y pueden ser objeto de las estigmatizaciones que esto implica en una sociedad patriarcal.

Esta ambivalencia presente en los actores sociales, entre expresar o no abiertamente el afecto a los otros, independientemente de su sexo y género, finalmente lleva a muchos universitarios a poner límites para marcar su espacio y, con ello, reprimen la posibilidad de dar apertura al afecto, sin vincularlo críticamente a la heteronormatividad.

En relación con lo anterior, las narrativas de los estudiantes expresan la desesperanza en la que viven sus relaciones humanas, particularmente las intragénero, caracterizadas por ser distantes, poco confiables, frustrantes, aduciendo que no han experimentado la confianza en sus interacciones sociales, a pesar de anhelarla.

Los estudiantes conciben sus relaciones caracterizadas por el pragmatismo, el individualismo, la desconfianza y la cosificación de las personas. Quizás esta tensión y contradicción relacional responda a la época actual, la cual se caracteriza por discursos igualmente contradictorios en los que coexisten la valoración de lo colectivo, junto con la priorización de los intereses personales sobre los colectivos (Leiva & Vizcarra, 2017).

Sobre las líneas anteriores, Kimmel (1997, 2017) manifiesta que el hombre cuenta con poder social y privilegios, pero estos causan aislamiento de otros hombres; por su parte, Olavarría (2014) señala que existen crisis en las formas de relación entre hombres y mujeres. Rocha-Sanchez y Díaz-Loving (2011) indican que los rasgos de masculinidad asociados a la expresión y la afiliación son frágiles en los hombres, debido a que su socialización la han construido a partir de la apropiación de rasgos instrumentales y de logro, y no en términos del establecimiento de las relaciones interpersonales.

Jerarquización de las relaciones intragénero

Así como la heteronormatividad conlleva a prácticas de subordinación respecto a las mujeres, los hallazgos indican que algunos hombres tienen presente que también existen jerarquías intragénero de la vivencia de las masculinidades, las cuales son expresadas en niveles de hombría, oportunidades y ventajas sociales a las que se puede acceder o no; estas oportunidades, restringidas a algunos grupos de hombres, conducen a la subordinación de unos hombres respecto a otros, en función de ciertas características, principalmente del deseo, la práctica sexual y la virilidad ostentada, pero también de la etnia, la clase social, la procedencia cultural y geográfica y el nivel educativo.

Estas jerarquías se sustentan en la normatividad patriarcal que sobrevalora lo masculino hegemónico y conlleva a definir a unos hombres como más masculinos y dominantes sobre otros grupos de hombres que, por características distantes de lo hegemónico, bien sea socioeconó- micas, de procedencia, etnia, género y prática sexual, se feminizan para posteriormente ser subordinados por otros hombres que ostentan con mayor claridad los rasgos tradicionales de la masculinidad patriarcal.

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Disponibilidad de datos Los datos subyacentes al texto de la investigación se informan en el artículo.

1La inscripción étnica en Colombia alude a la pertenencia a un grupo étnico, los cuales son poblaciones que han mantenido su identidad colectiva a lo largo de la historia y la reflejan en sus cosmovisiones y prácticas sociales, culturales y económicas, diferenciándose del resto de la sociedad. En Colombia se reconocen como grupos étnicos: los pueblos indígenas, las comunidades negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, y el pueblo gitano. El resto de la población se considera mayoritaria y no constituye un pueblo étnico.

Cómo referenciar este artículo Castro Franco, B. E., & Carmona Parra, J. A. (2025). Las significaciones sobre las mujeres y relaciones de género en universitarios. Cadernos de Pesquisa, 55, Artículo e11261. https://doi.org/10.1590/1980531411261

Recibido: 20 de Junio de 2024; Aprobado: 04 de Agosto de 2025

Editora a cargo

Albertina de Oliveira Costa https://orcid.org/0000-0002-9749-3686

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