INTRODUCCIÓN
Nos encontramos en un contexto histórico marcado fuertemente por la incertidumbre del futuro. La crisis sanitaria, la inflación, el aumento de la pobreza, la desigualdad, la discriminación, el cambio climático y los conflictos internacionales han provocado constantes inestabilidades a nivel mundial. Se observa un descontento social generalizado en respuesta a los graves problemas sociales, económicos y medioambientales locales y globales. En el caso de Chile, y luego del estallido social de octubre del año 2019, se puso en evidencia una ciudadanía desconfiada de la clase política y descontenta por su falta de compromiso social en la generación de cambios estructurales. Este despertar ciudadano provocó- por lo menos al inicio del proceso- una mayor presencia de las personas en los espacios públicos a través de multitudinarias manifestaciones, participación en organizaciones locales y en la adopción de discursos políticos que revelaron mayor conciencia ciudadana sobre la necesidad de conseguir una vida digna y bienestar colectivo. Pareciera ser que la agitación política fortaleció las virtudes ciudadanas que habían estado dormidas por tantos años en la población chilena.
En este proceso, los y las jóvenes escolares tuvieron un protagonismo central. Fueron quienes, a pesar de no tener la edad suficiente para sufragar, provocaron el despertar ciudadano mediante la evasión masiva del transporte público por las constantes alzas del pasaje. Las movilizaciones estudiantiles no solo se centraron en lograr la gratuidad y en mejorar la calidad educativa, sino que trascendió a un cuestionamiento completo del sistema económico y democrático, hasta entonces considerado uno de los más estables de Latinoamérica. No obstante, según el informe de la OCDE (2018), Chile se encuentran entre los países con mayor desigualdad a nivel regional, considerando indicadores como el bienestar, el ingreso, la tasa de homicidios y el nivel de conocimiento de los y las estudiantes.
Si la acción ciudadana comienza desde edades tempranas, se hace evidente que las escuelas deben contribuir en la formación de ciudadanas y ciudadanos con capacidad crítica y con las competencias necesarias para intervenir responsablemente en la realidad social (Santisteban Fernández, 2019). Construir una democracia efectiva, requiere de la preparación de las generaciones jóvenes para que sean capaces de responder a los desafíos y a los retos de la vida en democracia (Villegas de Reimers, 1996). Para Apple y Beane (2005) las escuelas deben generar "oportunidades de aprender lo que esa forma de vida significa y cómo se puede practicar" (p. 21). Implica que se otorguen espacios de libre opinión, donde se reflexione sobre el bienestar, la dignidad y los derechos de las personas, a partir del análisis crítico de los problemas que afectan a la humanidad. Promover la democracia desde las aulas, no es solo aprender teoría política, sino que implica practicarla como una forma de vida que guía el correcto funcionamiento de la sociedad. Para ello, el profesorado debe tener el "coraje" suficiente para enseñar los conflictos del mundo actual, desde una perspectiva humana y avanzar hacia una democracia más activa y participativa, es decir, educar para promover la justicia social (Santisteban Fernández, 2017).
Los procesos históricos, las problemáticas sociales y la realidad del estudiantado no pueden quedar al margen de las aulas. Cortina (1997) y Pagès i Blanch y Santisteban Fernández (2006) indican el rol formador de ciudadanía de las escuelas y Pagès i Blanch (2016) sostiene que la educación ciudadana siempre ha estado vinculada de forma directa o indirecta a la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales. Se considera fundamental que los y las jóvenes puedan utilizar los conocimientos adquiridos para pensar en los sucesos y en los requerimientos actuales y buscar alternativas para mejorar el futuro de todos y todas, es decir, que desarrollen su conciencia histórica y ciudadana (Pagès i Blanch, 2016; 20190; Ortega-Sánchez y Olmos Vila, 2018). Por ello, se entiende que la educación para la ciudadanía es una de las finalidades más importantes de la enseñanza de la historia escolar (Santisteban Fernández y Oller, 2011; Sant, 2019; Massip Sabater y Santisteban Fernández, 2020). Desde la perspectiva de la didáctica crítica, autores como Ross y Vinson (2012), Santisteban Fernández (2017), Pagès i Blanch (2019), Sant (2019) y Massip Sabater y Santisteban Fernández (2020), afirman que el aporte real que tiene la educación histórica escolar es formar ciudadanos y ciudadanas libres, conscientes, activos y responsables. En palabras de Santisteban Fernández y Oller (2011) "la educación para una ciudadanía democrática debe ser el horizonte irrenunciable de la enseñanza de la historia" (p. 318). Para ello, se debe hacer reflexionar al alumnado sobre los valores que favorecen el bien común que, desde la perspectiva de Dewey (1995), es educar para la ciudadanía democrática.
Freire (1998) da cuenta de la importancia de que el profesorado adquiera las competencias necesarias para fortalecer en sus estudiantes las capacidades para desenvolverse de manera crítica en la sociedad y adoptar un rol activo como constructores de un mundo mejor. Honores Mamani y Marolla Gajardo (2021) consideran relevante que la Formación Inicial Docente (FID) provoque conocimientos y competencias profesionales y disciplinares para que el futuro profesorado diseñe y aplique experiencias pedagógicas que mejoren la calidad educativa. Para Darling-Hammond (2012) la efectividad de la formación docente se evidencia cuando son capaces de generar experiencias educativas que favorezcan los resultados de aprendizaje de sus estudiantes. En el caso de la formación de docentes de Historia y Ciencias Sociales, Massip Sabater et al. (2021) indican que se debe fortalecer la perspectiva crítica en las nuevas generaciones de profesores y profesoras del área. Solo de esta manera podrán hacer conscientes a sus estudiantes que todos y todas somos actores sociales y agentes de cambio en la construcción de una sociedad más justa y democrática.
Villegas de Reimers (1996) enfatiza que una educación ciudadana requiere de docentes preparados para educar en valores democráticos. Implica que durante las clases predispongan al alumnado a pensar la realidad social, tratando los contenidos a través de problemáticas que afectan a la humanidad y que impliquen proponer soluciones a estas situaciones conflictivas (Pagès i Blanch, 2004). Estas propuestas de mejoras deberían ser fundamentadas de forma intransable en base a valores democráticos, como la dignidad de las personas, el bienestar colectivo y el cuidado al medio ambiente. López et al. (2021) señalan que el profesorado de Historia y Ciencias Sociales tiene la responsabilidad de enseñar que el conocimiento debe ser utilizado para "contemplar y actuar en una realidad marcada por la complejidad, las desigualdades y la incertidumbre de un mundo globalizado" (p. 208). Para Meneses et al. (2021) la enseñanza de las Ciencias Sociales debe permitir que los y las estudiantes "entiendan el valor del conocimiento social y que lo utilicen para mejorar su propia vida, para ubicarse en su mundo y para pensar alternativas de esta compleja realidad" (p. 118). La enseñanza en y desde valores democráticos es fundamental en el siglo XXI, porque favorece una educación ciudadana global y crítica y permite construir una sociedad democrática que defienda la justicia social. Gutiérrez Giraldo y Pagès i Blanch (2018) definen la justicia social como un proceso y una meta que se debe lograr paran permitir la equidad y democratización en la vida social y política. Por lo tanto, la enseñanza de las ciencias sociales orientada a la justicia social es considerada "como la vía para la promoción y defensa de los ideales democráticos de la sociedad" (p. 20).
Los estudios de Zeichner (2016) le permite afirmar que muchas de las instituciones formadoras del profesorado dan énfasis a la educación democrática y la promoción de la justicia social. Sin embargo, comprueba que los y las estudiantes de FID no están preparadas de forma adecuada para el ejercicio efectivo y desarrollo de la democracia en las aulas. Por ello, se vuelve imprescindible indagar en las representaciones sociales y estrategias de enseñanza que aplican estudiantes de FID durante sus prácticas profesionales con relación a la enseñanza en y desde valores democráticos. Interesa comprender las competencias didácticas que tienen estos futuros docentes para promover ciudadanías críticas y democráticas.
La pregunta inicial que guía esta investigación es ¿Qué y cómo enseñan los valores democráticos los y las estudiantes de formación inicial de pedagogía en Historia y Ciencias Sociales durante sus prácticas profesionales? Para ello, se realiza un estudio de casos con seis estudiantes de FID de una universidad en Chile, a partir del análisis cualitativo de dos observaciones de aula y una entrevista en profundidad. Se consideró importante interpretar sus concepciones y valoraciones sobre la enseñanza en y desde valores democráticos para comprender desde dónde se posicionan al pensar en la educación ciudadana. Además, para reconocer de qué manera proyectan estas concepciones educativas en las estrategias de enseñanza, se analizan las prácticas profesionales, porque son instancias formativas claves que les permite aplicar los conocimientos obtenidos académicamente en espacios educativos reales e ir experimentando, tomando decisiones y proyectando sus propias perspectivas y formas de entender la educación.
LA EDUCACIÓN CIUDADANA EN Y DESDE VALORES DEMOCRÁTICOS
Para la UNESCO, uno de los desafíos y exigencias del nuevo siglo para favorecer una educación de calidad es promover la ciudadanía democrática (UNESCO, 2015). Implica que las distintas instituciones educativas a nivel mundial fortalezcan aquellos valores sociales considerados como imprescindibles para el bienestar humano, social y ambiental. También, señala que se debe materializar desde las prácticas de enseñanza y aprendizaje, una formación integral para fortalecer la democracia. Santos (1996) plantea que la escuela es una institución que debe educar para las exigencias democráticas, por lo que la enseñanza debe enfocarse en reflexionar sobre dilemas que impliquen responder en base a valores. Para Villegas de Reimers (1996), la educación con un énfasis en valores promueve la convivencia democrática y la sana convivencia.
La educación en y desde valores es un aspecto fundamental en la educación para la ciudadanía democrática (Santisteban Fernández, 2007). Cada persona participa en su vida cotidiana en múltiples espacios como familiares, comunidades, instancias escolares, académicas y laborales, entre otros. Para que la vida social se oriente hacia el bien común, es necesario que los individuos pongan en práctica valores democráticos, como, por ejemplo, el respeto, la dignidad y la integridad humana, la igualdad, el cuidado medioambiental y la justicia social. Los valores democráticos permiten que los sujetos puedan desenvolverse de manera libre, consciente y responsable en todos los escenarios sociales. Por lo tanto, la educación en y desde valores democráticos, requiere que el profesorado acompañe, oriente y potencie la autonomía en el alumnado para que puedan pensar y actuar en democracia en la búsqueda de mejoras de la condición humana, social y ambiental. Para nuestro estudio, implica que los y las estudiantes de FID puedan ser capaces de gestionar prácticas de enseñanza hacia el desarrollo de habilidades, pero sobre todo favorecer la agencia social, en donde la reflexión y la acción consciente, implique utilizar los saberes de manera responsable en la vida cotidiana.
Definir valores democráticos es una tarea compleja, ya que se configuran a partir de "diversos componentes como la conciencia moral, el juicio moral, la empatía y la perspectiva social, el autoconocimiento y la autoestima, la autorregulación, los sentimientos y las emociones" (Santisteban Fernández y Oller, 2011, p. 316). Además, son escasos los estudios sobre la enseñanza en valores democráticos desde la didáctica de las Ciencias Sociales (Sobejano Sobejano, 2002; Santisteban Fernández y Oller, 2011; Meneses y Cartes, 2019). Desde una perspectiva pedagógica más general, González Martínez (1998) define los valores como "algo inherente al ser humano; nuestra vida está impregnada de ellos de modo tal, que lo que de estos hagamos, va a delinear nuestra existencia en términos de actuación, relaciones y comportamientos" (p. 2). Es por medio de los valores que se interpreta y representa el mundo y pueden ser considerados como uno de los factores que determinan el comportamiento y las interacciones entre los seres humanos.
Sobejano Sobejano (2002) da cuenta del rol de los valores en las prácticas sociales. Define la cultura como "el conjunto de valores de la vida colectiva" (p. 122), por lo que cada grupo humano utiliza, valida, corrige o transforma los valores al relacionarse colectivamente. Para Amaro-Cano (2015) los valores se caracterizan porque: a. son convicciones que se construyen socialmente; b. se consolidan en una sociedad a partir del debate y la aceptación colectiva; c. son asumidos casi involuntariamente por los individuos, y; d. condicionan las conductas y la forma de entender el mundo. En este sentido, los contextos históricos y culturales pueden generar diferenciaciones en los valores democráticos considerados válidos para ciertas sociedades, respondiendo, por ejemplo, al grado de democracia que tengan o al nivel de consolidación que posea (Gómez Rodríguez, 1998). No obstante, existen valores universales que provienen de concepciones globales compartidas como el bienestar, la igualdad, la libertad, los derechos humanos, la participación ciudadana y la justicia social (Benejam, 1997). Los valores sociales mayormente consensuados democráticamente son los valores democráticos, que se definen directamente a partir de la Declaración de los Derechos Humanos (Sobejano Sobejano, 2002).
Debido a la complejidad en su composición anteriormente mencionada, se presenta la siguiente propuesta conceptual de valores democráticos. Se espera que sea una contribución para que el profesorado pueda trabajarlos en sus clases orientando la enseñanza histórica y social escolar a la educación ciudadana. Los valores democráticos son clasificados en tres dimensiones según el ámbito económico, social y ambiental al cual pertenece: bienestar y crecimiento, dignidad humana y conservación de la naturaleza. Su elaboración proviene de la investigación realizada por Meneses y Cartes (2019), que es enriquecida a partir de los resultados de este estudio, en función de las perspectivas, valoraciones y las prácticas de los y las estudiantes de FID (Figura 1).

Fuente: adaptación de la propuesta de valores democráticos de Meneses y Cartes (2019).
Figura 1 Valores democráticos para la educación ciudadana.
La importancia de la enseñanza en y desde valores democráticos radica en el carácter formador de las escuelas en fortalecer las competencias ciudadanas. Para Sobejano Sobejano (2002), el sistema educativo debe estar al servicio de la sociedad, que se encuentra en constante cambio respondiendo a la realidad política, económica y social. No debe centrarse en transmitir o perpetuar de forma ciega valores hegemónicos en beneficio de los intereses de algunos. Considera que el conocimiento social está fundamentado en los valores sociales y que la finalidad de su enseñanza es formar una ciudadanía responsable, crítica, que sea capaz de cuestionar y comprender la sociedad en la que viven, de participar activamente y de resolver los conflictos.
Para Pagès i Blanch (2005; 2016; 2019) y Santisteban Fernández (2017) el profesorado de historia y ciencias sociales debe enfocar sus procesos educativos en responder a las exigencias del mundo actual y que pueda hacer pensar a los y las estudiantes en la posibilidad de construir un mejor devenir social. Meneses y Cartes (2019) y Massip Sabater et al. (2021) sostienen que la enseñanza de las ciencias sociales no solo debe fomentar el desarrollo de habilidades cognitivas, sino también, capacidades afectivas, morales, éticas y sociales. Implica utilizar el conocimiento para pensar críticamente sobre la sociedad en la que viven y sus problemáticas, comprender distintas perspectivas y ser capaces de tomar decisiones en base argumentos y opiniones debidamente justificadas. Añadiendo a Santisteban (2007) la educación en valores democráticos debe ser el sustento de la construcción de significados de los y las estudiantes tanto sobre el pasado como de la realidad actual. Además, la enseñanza de la historia y las ciencias sociales en y desde valores democráticos, haría que el alumnado resignifique o cuestione sus propios valores y los prepararía para insertarse en una sociedad democrática (Gómez Rodríguez, 1998).
Para ello, y siguiendo a Dewey (1995), no basta que el profesorado realice juicios de los dilemas morales históricos, sino que debe provocar instancias educativas donde sus estudiantes puedan vivenciar la democracia dentro de las propias aulas. Dicho en otras palabras, para educar en democracia los y las docentes no deben centrar la enseñanza solo en discursos narrativos o reflexiones propias sobre el pasado y la realidad, sino que mediante ejercicios de debate y de acción social, es el propio alumnado quien tiene que reflexionar y argumentar en base a los valores democráticos. Implica hacerlos conscientes que, como seres sociales, hay que comprometerse con la defensa del bien común, el respeto, la integridad humana y la buena convivencia. Estos valores son la base para poder gestionar una organización social en base a derechos y deberes y para participar de forma activa y responsable en la sociedad.
Para Cortina (1997) la enseñanza de valores debe ser vivenciado en las aulas dentro de un ambiente democrático favorable. El fortalecimiento de dichos valores debe ser trabajado con metodologías activas, evitando la transmisión teórica de las reflexiones por parte del docente. Esta perspectiva es compartida por Martínez (1998) cuando afirma que "la enseñanza en y para la democracia debe vivirse en las escuelas, donde estos valores se ejerciten en el quehacer diario" (p. 8). Trabajar valores democráticos debe ser una práctica constante al reflexionar sobre todo contenido histórico o social. Por ende, no se generará un aprendizaje significativo si el profesorado imparte una clase teórica sobre valores democráticos o realice en ocasiones o de forma aislada actividades vinculadas a ellos. La enseñanza en y de valores debe estar inmersa en toda su práctica de enseñanza. Mediante la problematización de los contenidos y la implementación de metodologías activas y participativas, los y las estudiantes pueden reflexionar de forma autónoma, consciente y práctica sobre la realidad histórica y social.
Santisteban Fernández y Oller (2011) señalan que la educación en valores implica enseñar a practicar la democracia en todos los ámbitos, por lo cual las escuelas son lugares fundamentales para formar ciudadanía considerando que gran parte de su vida transcurre en estos espacios. La educación en y desde valores democráticos requiere de acompañamiento, orientación y autonomía, de modo que puedan desarrollar las competencias necesarias para cuestionar sus propias creencias y pensar en el bienestar colectivo como determinante para construir intervenir en la realidad y construir sociedades justas, igualitarias y respetuosas.
MÉTODO DE INVESTIGACIÓN
La investigación didáctica utiliza una metodología cualitativa para analizar los datos obtenidos en las entrevistas y las observaciones de aula. Siguiendo la perspectiva de Hernández Sampieri, Fernández Collado y Baptista Lucio (2014), es cualitativa porque interesa comprender la enseñanza en y desde valores democráticos en función de la perspectiva de las y los participantes y sus formas de llevarla a la práctica en un determinado contexto educativo. Pretende interpretar significados y acciones de estudiantes de FID con relación a sus percepciones y experiencia prácticas que se vinculan a la forma que entiende la historia escolar orientada a la educación ciudadana, a partir de los valores democráticos (Latorre, Del Rincón y Arnal, 2005; Simons, 2011).
Es un estudio de casos, ya que indaga a seis estudiantes de FID docente de la carrera de Historia, Geografía y Ciencias sociales de una universidad privada en Chile, durante el desarrollo de sus prácticas profesionales entre los años 2020 y 2021, es decir, del último año de la carrera. Como indica Bisquerra Alzina (2009), el estudio de casos permite comprender en profundidad la realidad social y educativa de los y las participantes. La muestra es de tipo no probabilístico por conveniencia (Creswell, 2014), ya que se consideró las posibilidades para acceder a los datos (Schwandt y Gates, 2016). Para la selección de la muestra se establecieron los siguientes criterios: a. estudiantes que estuvieran realizando su práctica profesional de la carrera de pedagogía en Historia, Geografía y Ciencias Sociales, es decir semestres finales de su etapa profesional; b. tres estudiantes en práctica del año 2020 y tres estudiantes del año 2021 y; c. estudiantes que aceptaran participar voluntariamente en este estudio.
Las características de las y los sujetos participantes se observan en la Tabla 1.
Tabla 1 Características de las y los participantes de la investigación.
| Participantes | Edad | Año de observación | Centro de práctica | Niveles educativos observados |
|---|---|---|---|---|
| Claudia | 22 | 2021 | Particular /subvencionado | 6° Básico/2° Medio |
| José | 26 | 2021 | Privado | 1° Medio |
| Simón | 22 | 2021 | Particular /subvencionado | 3° Medio |
| Marta | 23 | 2020 | Particular /subvencionado | 5° Básico /7° Básico |
| Fabian | 23 | 2020 | Particular /subvencionado | 2° Medio |
| Marco | 22 | 2020 | Particular /subvencionado | 2° Medio/3° Medio |
Fuente: elaboración propia (2022).
Se analizaron los datos obtenidos en la entrevista en profundidad y en las dos observaciones de aula. Por un lado, la entrevista fue semiestructurada y se elaboró un guion de preguntas de forma previa en función de los objetivos de la investigación. Para Rodríguez Gómez, Gil Flores y García Jiménez (1999), esta técnica de investigación permite obtener datos valiosos sobre las explicaciones e interpretaciones de un determinado problema. Para Rincón et al. (1995) y Simons (2011), las entrevistas permiten descubrir aspectos que no son directamente observables como los pensamientos, emociones y valoraciones.
Por otro lado, las observaciones de aula tienen la riqueza de captar comportamientos, realidades y la puesta en práctica de las concepciones de las y los participantes del estudio (Massot Lafon, Dorio Alcaraz y Sabariego Puig, 2004). En palabras de Simons (2011) "es una potente herramienta para comprender y sacar a la luz los matices de los incidentes y las relaciones de la experiencia vivida de las personas en determinadas situaciones y contextos" (p.95). A partir del registro en las notas de campo, se obtuvieron datos vinculados a los discursos históricos de las y los futuros docentes y las estrategias utilizadas para tratar las distintas temáticas en función de los valores democráticos. Se tomó registro de las acciones pedagógicas, actitudes, interpretaciones e interacciones estudiantes y docentes practicantes, así como los comentarios y preguntas que se desarrollaban naturalmente en las clases observadas. Es necesario destacar que las observaciones realizadas durante el año 2020 se desarrollaron durante el contexto de pandemia por COVID-19, por lo que fueron en modalidades virtuales o híbridas, pudiendo ser un factor importante que condicionan los resultados obtenidos.
El análisis cualitativo se desarrolló en función del contenido según las indicaciones de Bardin (2002). En el tratamiento de los datos se realizaron códigos y categorías a partir de patrones recurrentes según los significados, para luego interpretarlos y elaborar las conclusiones (Marín, Hernández y Flores, 2016). Utilizando el Software Atlas ti-9, se pudo obtener redes semánticas sobre los valores democráticos mencionados en las entrevistas.
LOS VALORES DEMOCRÁTICOS CLAVES SEGÚN LA PERSPECTIVA DEL PROFESORADO EN FORMACIÓN
A partir del análisis de las entrevistas realizada a los seis estudiantes de FID, Claudia, José, Simón, Marta, Fabian y Marco, se puede señalar que existe una mayor profundización de los contenidos históricos y sociales en función de valores democráticos asociados a la dignidad humana. Solo algunos reflexionaron sobre valores asociados al bienestar y crecimiento económico. La conservación de la naturaleza no fue destacada por ningún participante como un aspecto importante para analizar desde la asignatura. Los valores mencionados en las entrevistas se pueden observar en la Figura 2.

Fuente: elaboración propia (2022)
Figura 2 Valores democráticos en el discurso educativo de estudiantes de Formación Inicial Docente.
Los valores democráticos más mencionados pertenecen a la dimensión de dignidad humana. Se destacan reflexiones sobre la aceptación a la alteridad y diversidad, la convivencia pacífica y los Derechos Humanos. Solo tres estudiantes de FID mencionan valores relacionados con la dimensión de bienestar y crecimiento, específicamente sobre la disminución de la pobreza, las condiciones laborales óptimas, la disminución del hambre y la responsabilidad gubernamental.
La aceptación a la alteridad y diversidad fue mencionada por todos los participantes exceptuando a Claudia, indicando aspectos como el respeto e igualdad a las personas, ya sea por origen socioeconómico, etnia, religión, orientación sexual o identidad cultural o género. Uno de ellos es Marco quien además menciona la importancia de enseñar historia desde una perspectiva humanizadora. Recuerda que, en su práctica profesional, se centró en la condición humana "lo qué es ser humano, lo que es ser persona, lo que nos diferencia a nosotros como individuos y a la vez qué es lo que nos mantiene unidos". Cuenta que abordó las diferencias culturales y sociales de la humanidad y que sobre todo intentó dar énfasis "a lo que es la persona, porque detrás todo el proceso histórico, detrás de toda fecha, o de los personajes, siempre hay personas".
La importancia de fortalecer el razonamiento y la libertad de opinión es mencionada por todos los participantes exceptuando a Marta. Para ello, indican que el profesorado debe permitir que todos sus estudiantes puedan emitir sus visiones e interpretaciones históricas con libertad, respetando sus vivencias y criterios. Para Fabian, lo más esencial en las clases es la comunicación. Dice que todos deben defender su punto de vista "y que la otra persona tiene que respetarla y tiene que entender la libertad de que yo piense distinto". Esto es, según su perspectiva, un lineamiento básico de la enseñanza en valores democráticos. Además, estos estudiantes de FID indican que es necesario fortalecer la tolerancia y el diálogo, lo cual es fundamental para reflexionar, opinar y tomar una postura frente al pasado y la realidad.
Asimismo, todos los participantes, exceptuando Claudia, consideran fundamental que los contenidos se aborden fortaleciendo el valor de la convivencia pacífica entre las personas y en la sociedad. Por ejemplo, José indica que se debe "generar una atmósfera de comunidad, de paz y amor, para tener esta convivencia sana". Marco confiesa que como docente le interesa mucho trabajar con este valor "porque la historia está repleta de conflictos humanos". Cree que es fundamental hacerlos pensar en cómo resolver conflictos de forma pacífica y que sobre todo defiendan el derecho a la vida. En este sentido, todos concuerdan en que una de las finalidades de la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales es promover la defensa de los Derechos Humanos. Por ejemplo, Marco recuerda una de sus clases sobre las Guerras Mundiales y señala que al abordar el conflicto y los crímenes contra la humanidad logró demostrar "cómo se va valorizando la vida humana a través de la historia, Porque después se empiezan a hablar sobre estos temas de derechos humanos, de vivir en paz, de igualdad".
Para Marta, José y Marco, uno de los valores democráticos indispensables para trabajar con los y las estudiantes es tomar conciencia de los derechos y deberes como ciudadanos. Así lo expresa Marco cuando indica que tienen que reflexionar que todos tenemos "derechos como persona, pero también deberes y obligaciones. Como esa frase cliché de: tus derechos terminan donde empiezan los derechos del otro". En este sentido, José, Fabián, Marco y Simón hacen hincapié en la defensa de la democracia, ya que permite fortalecer las competencias democráticas en sus estudiantes, como, por ejemplo, hacerlos criticar otras formas de gobierno que reprimen las libertades y atentan con los Derechos Humanos. Además, para José, Claudia, Marco y Simón, se deben fomentar en las clases la importancia de la participación activa en los y las estudiantes, incluso mediante acciones democráticas como las elecciones escolares o la toma de decisiones colectivas dentro de las aulas y en las escuelas. Es interesante la reflexión que realiza Claudia al indicar que el valor democrático fundamental es la participación, lo cual implica "considerar las opiniones de los estudiantes, que no sea un proceso jerárquico, sino que todos se complementen. La comunicación, el diálogo y la toma de decisiones, es lo que yo creo que engloba la acción social". Entiende que el aprendizaje en valores democráticos debe orientarse a formar "pensamiento crítico, la participación y la cooperación social, es decir, orientado hacia la transformación social", manifestándose en ella una perspectiva crítica de entender la pedagogía.
La solidaridad, fue mencionado por Claudia, Marco y Simón indicando que el profesorado debe abordar temáticas como la cooperación y la reciprocidad para trabajar valores democráticos. Simón indica que "hoy en día lo indispensable es la reciprocidad y el respeto mutuo. Siento que como sociedad estamos cada vez más individualista y no sabemos vivir en comunidad". Además, Marta y Fabián indican la importancia de reflexionar sobre la integración social. Por ejemplo, Marta recuerda que en una de sus clases se generó un debate interesante sobre los derechos humanos y la integración social de las personas privadas de libertad. Marta y José comparten la visión que también se debe pensar en la importancia de conservar el patrimonio histórico y cultural, los cuales se vinculan con el respeto y valoración de la población indígena latinoamericana. Así lo indica Marta cuando señala que:
solemos hablar sobre la influencia que tienen los pueblos originarios como las comidas o las formas de hablar. Pero pareciera que es como algo que ya se terminó. Sin embargo, es muy actual, o sea seguimos conviviendo con los pueblos originarios. Entonces, aparte de decir que es una herencia, es que están todavía y siguen moldeando cosas importantes. Todavía seguimos conviviendo en el mismo territorio. Está en la realidad actual y no solamente es algo del pasado.
Las dos profesoras de género femenino presentan una mirada crítica sobre la enseñanza de las Ciencias Sociales. Al igual que Claudia, Marta manifiesta una perspectiva crítica sobre la educación ciudadana, ya que considera que el valor fundamental que se debería trabajar en el aula es la justicia social. También destaca valores como la tolerancia, el respeto, las libertades y la responsabilidad ciudadana porque son "parte de la justicia social".
En la dimensión de bienestar y crecimiento de los valores democráticos, solo tres participantes del estudio hicieron reflexiones sobre la importancia de pensar los contenidos históricos y sociales en función de la disminución de la pobreza, el hambre, las condiciones laborales óptimas y la responsabilidad institucional. Marco señala que en sus clases hizo reflexionar a sus estudiantes sobre temáticas asociadas a la pobreza y la dignidad de las personas en los conventillos de Chile en el siglo XX. Por ello, se preocupó de problematizar el contenido en función de la equidad social, en mejorar las condiciones laborales y en disminuir el hambre en la actualidad. Para José, al hacerlos pensar en formas de disminuir la pobreza se está educando en ciudadanía democrática. Afirma que "la pobreza también es un problema histórico porque siempre ha existido. Lo único que ha cambiado son las condiciones que se define la pobreza". Por último, solo Marta hace referencia a los roles y responsabilidades que tiene los gobiernos de turno, que deberían ser abordadas en las clases como parte importante de la enseñanza de valores democráticos. Indica que "no todo depende de nosotros y nosotras, es decir si las cosas van a funcionar o no, también es cómo las políticas públicas o la escuela se va a encargar".
En cuanto a las estrategias efectivas que valoran y destacan las y los participantes para la promoción de estos valores en la enseñanza de la Historia y las Ciencias Sociales, existe un consenso generalizado en que se debe trabajar con el método por descubrimiento, sobre todo con el debate y la interpretación de fuentes. Casi todos los participantes, exceptuando Claudia indicaron que es fundamental que el aprendizaje se centre en el estudiantado y que el profesorado debe ser mediador del proceso educativo. José plantea que "el rol del docente sería más que nada guiar o dar una base para la promoción de los valores democráticos". Consideran que el docente debe entregar las herramientas y las posibilidades para que sean los propios estudiantes quienes desarrollen pensamiento crítico y que piensen la realidad en base a los valores democráticos. De esta manera se puede favorecer una educación para la ciudadanía.
El análisis riguroso de las fuentes de información es valorado como una estrategia fundamental para discriminar críticamente toda información. Claudia, José y Simón reconocen el valor educativo de esta estrategia de enseñanza. Así lo expresa Simón cuando comenta que "trabajé mucho con fuentes, desde una metodología super constructivista, haciendo uso de teóricos clásicos con el propósito de poder brindarle a los y las estudiantes todas las herramientas y posibilidades para que desarrollen el pensamiento crítico". Además, Marta, José y Fabián indican la importancia de abordar los contenidos desde diversas perspectivas. Marta menciona que es "super importante que nosotros entreguemos diversas visiones y perspectivas de cómo ocurrieron las cosas para que el estudiante se forme su propio aprendizaje". Cabe destacar que Marta, José, Simón y Fabián consideran que en todos los contenidos históricos y sociales y en todos los niveles educativos se deben trabajar los valores democráticos. Simón enfatiza argumentando: "yo creo que en todas las clases se debe trabajar los valores, ya que son el marco para poder generar aprendizaje".
En cuanto a las observaciones de las clases realizadas en sus prácticas profesionales, se puede señalar ciertas discrepancias con relación a las concepciones y valoraciones anteriormente señaladas con las estrategias de enseñanza realmente utilizadas por estos docentes en formación. Si bien, se pudo reconocer coherencia en cuanto a la importancia y la presencia que otorgan a los valores asociados a la dignidad humana y en menor medida a los de bienestar y crecimiento, se observa el predominio de estilos de enseñanza transmisivos y expositivos, que no se condice con los métodos por descubrimiento señalados en las entrevistas. No obstante, a pesar de que los y las estudiantes de FID recurren, en algunas partes de las clases, al análisis de fuentes, a los debates o a la problematización de contenidos, prevalece una reflexión unilateral por parte de los y las docentes en formación, quienes son los que mayoritariamente intervienen al momento de pensar en los contenidos desde valores democráticos. Los resultados obtenidos se pueden observar en la Tabla 2.
Tabla 2 Valores democráticos y estrategias de enseñanza en las observaciones de aula.
| Estudiante FID | Contenidos | Dimensiones Valores democráticos | Método de enseñanza |
|---|---|---|---|
| Claudia | Independencia de Chile | No observado | Expositivo: fuentes |
| Guerra Fría | Dignidad Humana/ Bienestar y Crecimiento | Descubrimiento: fuentes, debate y problematización | |
| José | Roles de género hacienda colonial, en Chile | Dignidad Humana | Expositivo: fuentes, debate y problematización |
| Transformaciones sociales en Chile de fines del siglo XIX | Dignidad Humana/ Bienestar y Crecimiento | Expositivo: fuentes y debate | |
| Simón | Estado y mercado | Dignidad Humana/ Bienestar y Crecimiento | Descubrimiento: fuentes, debate y problematización |
| Economía mixta | Bienestar y Crecimiento /Conservación de la Naturaleza | Descubrimiento: fuentes, debate y problematización | |
| Marta | Consecuencias conquista europea | Dignidad Humana | Descubrimiento: fuentes y debate |
| Civilización Olmeca | Dignidad Humana | Expositivo: fuentes | |
| Fabian | Cuestión social en Chile siglo XX | No observado | Expositivo: fuentes |
| Consecuencias Segunda Guerra Mundial | Dignidad Humana | Expositivo: fuentes y debate | |
| Marco | Totalitarismos europeos | Dignidad Humana | Expositivo: debate |
| Procesos Migratorios | Dignidad Humana/ Bienestar y Crecimiento | Expositivo: fuentes, debate y problematización |
Fuente: elaboración propia (2022).
Con relación a la dimensión de dignidad humana, se pudo observar que los valores más abordados por los y las participantes fueron la aceptación a la alteridad y la diversidad, la igualdad de género, conservación del patrimonio histórico y cultural, la responsabilidad gubernamental, la importancia del consenso de decisiones y la convivencia pacífica. Cuatro de ellos, Claudia, José, Simón y Marco, trataron temáticas asociados al bienestar y crecimiento, como la equidad social, la disminución de la pobreza, el consumo y producción sostenible y mejorar la calidad de vida.
Además, se pudo observar que la mayor parte utiliza el método expositivo con apoyo de fuentes históricas, lo cual puede responder a la modalidad virtual e híbrida de las clases por la pandemia COVID-19. No obstante, se destacan las clases de Simón y Claudia, quienes, a pesar de este contexto excepcional, pudieron realizar clases con métodos activos centrados en el protagonismo del alumnado en su propio aprendizaje. Las estrategias de enseñanza utilizadas por la mayor parte de los y las docentes en formación, corresponden a métodos expositivos y recurren a fuentes de información para validar el discurso que transmiten a sus estudiantes. Solo unos pocos fomentan espacios de debate e intercambio de ideas durante las clases y para ello, problematizan los contenidos y hacen preguntas abiertas. No obstante, se observa que la mayor parte de las reflexiones son realizadas por los y las docentes en práctica y no por sus estudiantes.
Como ejemplo de métodos expositivos, se puede relatar la primera clase observada de Claudia, quien realiza clases híbridas durante su proceso de práctica profesional en un 6° básico. En ella, transmite verbalmente el contenido, pero con apoyo de fuentes históricas para realizar sus explicaciones. Al abordar el proceso de Independencia de Chile, profundiza en los grandes personajes y en los principales acontecimientos del periodo histórico. Genera algunas preguntas para intentar fomentar la opinión y la imaginación en sus estudiantes, como por ejemplo "¿Es posible que la actitud injusta de los españoles aumentara los deseos independentistas? O "¿Qué problemas crees que tuvieron que enfrentar los soldados al cruzar la cordillera?" Algunos estudiantes responden con ideas sueltas y sin mayor profundización. No fomenta la reflexión de los contenidos con relación a los valores democráticos, a pesar de que se generaron instancias interesantes por el propio alumnado. Uno de ellos pregunta sobre el poder de los reyes católicos, pero la docente en práctica no aprovecha esta situación para el aprendizaje crítico, por ejemplo, hacerlos comparar la monarquía absoluta con la democracia o la importancia de la autonomía, la autodeterminación de los pueblos o el poder ciudadano. También, podría haber realizado preguntas reflexivas como, por ejemplo, sobre en quién recae el poder político en la actualidad o si consideran importante ser independientes en el presente.
Marco realiza sus clases de forma virtual y utiliza el método expositivo, pero generando algunas instancias de debate con sus estudiantes. En la clase 2 observada en un 3° Medio, profundiza sobre las causas, características y consecuencias de los procesos migratorios a nivel mundial. A lo largo de la sesión, incentiva al alumnado a comentar sus propias experiencias con personas migrantes. Presenta diversas fuentes como imágenes, mapas o gráficos, aunque solo algunas son interpretadas por sus estudiantes. La mayor parte de las reflexiones sobre valores democráticos los realiza Marco, quien comenta sobre las condiciones de vida, exclusión y discriminación que afecta a las personas migrantes en Chile y en el mundo. También presenta diversas perspectivas mediante una entrevista a una persona antiinmigrante, la cual es interpretada por el mismo. En ocasiones se generan instancias de debates entre sus estudiantes, como cuando intervienen para comentar sobre el respeto y dignidad de las personas migrantes, lo cual se vincula al valor de la aceptación a la alteridad y diversidad, la igualdad de oportunidades y sobre la importancia de resguardar su integración social. Pero es Marco quien mayormente reflexiona sobre valores vinculados a la dimensión de bienestar y crecimiento, haciendo alusión a la importancia de generar una sociedad más equitativa, de mejorar la calidad de vida de todas las personas y de disminuir la pobreza. No favorece instancias para que el alumnado pueda proponer soluciones a los desafíos de la migración, aunque algunos estudiantes, de forma espontánea, indicaron la responsabilidad de los gobiernos por resguardar el bienestar colectivo.
Por el contrario, desde los métodos por descubrimiento, se presenta las clases de José en un 1° medio y de tipo híbridas. A pesar de que en ocasiones recurre a la exposición de los contenidos, su clase se centra en el análisis de fuentes que son proyectadas en la pizarra, lo cual favorece al desarrollo de habilidades críticas en función de valores democráticos. En la clase 1 aborda las diferencias de género y las condiciones de vida entre los hombres y las mujeres en la hacienda colonial en Chile. Los hace analizar extractos de autores sobre las diferencias conceptuales entre sexo y género y la perspectiva androcéntrica de la historia. Los estudiantes intervienen con reflexiones interesantes a partir de la interpretación de las fuentes. Uno de ellos señala que "hoy se pueden ver muchos aspectos de la desigualdad de género". Realiza un buen ejercicio analítico donde les pide a sus estudiantes mencionar personajes históricos del siglo XIX y XX, ante lo cual sus estudiantes reconocen que solo recuerdan a hombres. A partir de ello, José señala que existe una perspectiva histórica centrada en hombres que son destacados por su rol público y reconocidos como "héroes históricos". Se abordan problemas sociales relevantes como visión y posición excluyente de la mujer en la historia permitiendo trabajar la igualdad de género. Al final de la clase señala la importancia de generar conciencia y deconstruir visiones machistas que se encuentran arraigadas en la sociedad actual de manera casi inconsciente.
Carla realiza clases híbridas en 5° y 7°básico. En la primera clase observada en el 5° básico se pudo reconocer métodos activos de aprendizaje en donde el alumnado interpreta fuentes y se generan debates interesantes. A partir de distintas fuentes audiovisuales y datos demográficos aborda las consecuencias del proceso de conquista para los distintos pueblos indígenas del actual continente americano. Mediante el uso de fuentes diversas, da protagonismo a los indígenas prehispánicos incluyendo los roles de las mujeres y hombres, por lo que se trabaja con la perspectiva de género en la enseñanza de la historia. Plantea preguntas reflexivas para que el alumnado valore la alteridad y la diversidad cultural y que piensen sobre la importancia de la conservación del patrimonio histórico y cultural de la herencia indígena en el presente. A modo de ejemplo, realiza preguntas para que sus estudiantes se posiciones históricamente sobre las situaciones pasada y presente de los pueblos indígenas producto de la conquista europea y actualmente por los Estados nacionales.
También, se puede destacar una de las clases realizada por Simón en donde se generaron debates interesantes sobre las tres dimensiones de los valores democráticos. Sumado a lo anterior, fue el único docente en práctica que incluyó preguntas para reflexionar sobre la importancia de la conservación de la naturaleza. A partir del contenido de economía mixta, los y las estudiantes llegaron a la conclusión que siempre se debe favorecer un uso sostenible de los recursos naturales. En ambas clases utilizó el método por descubrimiento, centrando el protagonismo en el alumnado y problematizando los contenidos. A pesar de que realiza clases de tipo híbridas, en 3° medio fomenta el debate planteando problemas sociales relevantes y conectando con la realidad cercana. Mediante actividades de análisis de fuentes, el alumnado debía reflexionar, argumentar y posicionarse históricamente. En la primera clase observada aborda los conceptos de Estado y Mercado. Activa las representaciones sociales realizando preguntas como "¿a qué asocian el concepto de mercado?" ante lo cual sus estudiantes señalan aspectos relacionados con el dinero, el manejo de la economía por el Estado y las relaciones económicas internacionales. Genera espacios de intercambio de opinión, de debate y de reflexión orientados a pensar y proponer mejoras de la realidad. Los y las estudiantes realizan comentarios sobre la justicia, la equidad social, la disminución de la pobreza y la calidad de vida. Por ejemplo, Simón les plantea la siguiente pregunta "¿Qué desafíos tiene el actual sistema económico?, y sus estudiantes señalan medidas como el impuesto a los súper ricos, mejorar el acceso a la educación, mayor intervención del Estado ante la continua alza de los productos básicos y resolver el problema de las pensiones.
CONCLUSIONES
Los resultados de esta investigación confirman las incoherencias que pueden existir entre lo que piensa y valora el profesorado con lo que realmente realiza en sus prácticas pedagógicas. A pesar de que se evidencia concordancia entre los valores destacados por los y las participantes con sus clases observadas, predominan los métodos de tipo transmisivos que no favorecen la autonomía y la reflexión crítica del alumnado, lo cual discrepa de las estrategias activas que fueron valoradas en las entrevistas en profundidad. Los valores democráticos de mayor relevancia para los y las profesoras en formación y que también fueron observados en las aulas, se asocian a la dimensión de dignidad humana, sobre todo en la aceptación a la alteridad y la diversidad, la promoción de la convivencia pacífica, y la conservación del patrimonio histórico y cultural. En cuanto a las estrategias de enseñanza para trabajar valores democráticos, no se observa un protagonismo del estudiantado en la construcción de su aprendizaje. Es el profesorado en formación quien transmite reflexiones de los contenidos en función de la aceptación a la alteridad y la diversidad, la igualdad de género, conservación del patrimonio histórico y cultural, la convivencia pacífica, equidad social, disminución de la pobreza y calidad de vida, entre otros.
Sin duda, el contexto excepcional de la pandemia recientemente vivida a nivel mundial impactó en la forma de enseñar desde la virtualidad. No obstante, problematizar los contenidos es fundamental para hacer reflexionar al alumnado sobre los problemas sociales locales y globales (Ortega-Sánchez y Olmos Vila, 2018; Santisteban Fernández, 2019; Massip Sabater et al., 2021). Pensar en cómo mejorar la vida de las personas en cuanto a la dignidad humana, el bienestar y crecimiento y la conservación de la naturaleza, es decir, en base a los valores democráticos, es una estrategia esencial para favorecer la educación para la ciudadanía. Además, el método por descubrimiento es indispensable para el aprendizaje activo y protagónico del alumnado. Como docentes de Historia, Geografía y Ciencias Sociales, tenemos el deber de que el alumnado asuma su rol como agente histórico y social, responsable de la construcción del presente y del futuro. Es hacerlos conscientes de su deber como ciudadanos y ciudadanas críticas y activas de contribuir a mejorar los problemas que afectan a la humanidad (Pagès i Blanch, 2016; 2019).
La escuela es el lugar propicio para desarrollar el trabajo de enseñanza de los valores democráticos orientados a la educación para la ciudadanía, de manera que aporte en la formación de estudiantes capaces de desenvolverse en las distintas instancias sociales. Los y las docentes de Historia y Ciencias Sociales, deben generar estrategias de enseñanza que permitan desarrollar el pensamiento crítico, necesario para analizar cualquier tipo de información y el pensamiento creativo, con el cual pueden proponer respuestas a los problemas sociales, económicos y ambientales que se enfrentan en la actualidad (Honores Mamani y Marolla Gajardo, 2021; López et al., 2021). Para ello, los contenidos históricos y sociales del presente y del pasado deben ser presentados a partir de dilemas morales o situaciones conflictivas que impliquen debatir y adoptar una postura ética en base a valores democráticos desde el cual surjan propuestas de solución. Formar ciudadanos y ciudadanas críticas, activas y responsables desde las aulas, es generar experiencias educativas que los inviten a responder ante las complejidades de la vida. En función de los resultados obtenidos en esta investigación, se considera imprescindible que el profesorado refuerce los valores democráticos vinculados a la conservación de la naturaleza y que no queden relegados solo a temáticas geográficas, ya que el cambio climático es uno de los principales desafíos actuales a nivel mundial.
Este estudio pretende ser un aporte para la FID, ya que permite repensar las prácticas pedagógicas y la valoración de la enseñanza en y desde valores democráticos. Los y las futuras docentes deben adquirir herramientas didácticas para educar en ciudadanía, y de esta manera, formar desde las aulas a personas capaces de actuar en base al respeto, la dignidad, la igualdad, la justicia social y el cuidado del medioambiente (Santisteban Fernández, 2017). Hacer reflexionar al alumnado sobre los valores que favorecen el bien común es educar para la ciudadanía democrática (Dewey, 1995). El futuro de la humanidad requiere de responsabilidad, voluntad y comprensión de las personas y para ello se debe fortalecer la convicción valórica democrática de las y los ciudadanos. A su vez, requiere de reflexión, debate y promoción permanente de aquellos constructos que favorecen la justicia social. Nadie debería desconocer su importancia, más aún, aquellos que trabajan en la formación de los y las futuras ciudadanas del mundo.














